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	<title>La torre de media tarde &#187; rey</title>
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	<description>El lugar donde la fantasía toma forma, leyendas, cuentos, mitologías, deidades, imaginación, criaturas, etc.</description>
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		<title>La corneja y las aves</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jul 2008 08:52:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fábulas]]></category>
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		<description><![CDATA[Quería una vez Zeus proclamar un rey entre las aves, y les señaló un día para que comparecieran delante de él, pues iba a elegir a la que encontrara  más hermosa para que reinara entre ellas. Todas las aves se dirigieron a la orilla de un río para limpiarse. Entonces la corneja, viéndose más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Quería una vez Zeus proclamar un rey entre las aves, y les señaló un día para que comparecieran delante de él, pues iba a elegir a la que encontrara  más hermosa para que reinara entre ellas. Todas las aves se<span id="more-165"></span> dirigieron a la orilla de un río para limpiarse. Entonces la corneja, viéndose más fea que las demás, se dedicó a recoger las plumas que abandonaban los otros pájaros, ajustándolas a su cuerpo. Así, compuesta con ropajes ajenos,  resultó la más hermosa de las aves.</p>
<p>Llegó el momento de la selección, y todos los pájaros se presentaron ante Zeus, sin faltar por supuesto, la corneja con su esplendoroso plumaje.</p>
<p>Y cuando ya estaba Zeus a punto de concederle la realeza a causa de tanta hermosura, los demás pájaros, indignados por el engaño, le arracaron cada uno la pluma que le correspondía. Al fin, desplumada de lo ajeno, la corneja, simplemente corneja se quedó.</p>
<p style="text-align: center;"><em>Nunca hagas alarde de los bienes ajenos como si fueran propios, pues tarde o temprano se descubre el engaño.</em></p>
<p style="text-align: right;">ESOPO</p>
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		<title>El mito del dios que desaparece</title>
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		<pubDate>Wed, 07 May 2008 19:32:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>
		<category><![CDATA[Ashmu]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
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		<description><![CDATA[Mitología Hitita. Cólera del Dios contra la reina Ashmu-Nikkal 1400 a.c, provocada por un fallo ritual.
El gran Dios solar preparó una fiesta e invitó a ella a los mil dioses:
Comieron pero ni pudieron satisfacer su apetito.
Bebieron pero no pudieron apagar su sed.
El padre del Dios de la tormenta dijo a los dioses: &#8220;Mi hijo no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #800000;"><em>Mitología Hitita. Cólera del Dios contra la reina Ashmu-Nikkal 1400 a.c, provocada por un fallo ritual.</em></span></p>
<p>El gran Dios solar preparó una fiesta e invitó a ella a los mil dioses:<br />
Comieron pero ni pudieron satisfacer su apetito.<br />
Bebieron pero no pudieron apagar su sed.<br />
El padre del Dios de la tormenta dijo <span id="more-75"></span>a los dioses: &#8220;Mi hijo no está aquí, se ha puesto furioso, se ha llevado consigo al crecimiento. Se ha llevado cuanto es bueno&#8221;<br />
Los grandes dioses y los pequeños dioses, el águila, se hicieron a la busca del dios de la tormenta, pero no lo hallaron. Como último recurso, el padre del Dios de la tormenta fue en busca del abuelo (del Dios de la tormenta) y le dijo: ¿Quién es el que ha pecado, pues la simente ha perecido y todo se ha secado?<br />
El abuelo dijo: &#8220;Nadie ha pecado que no seas tú&#8230;Ahora ve en busca del Dios de la tormenta.&#8221;<br />
El padre del Dios de la tormenta se dirigió hacia la gran diosa y le dijo: &#8221; El Dios de la tormenta se ha enojado, todo está seco y la simiente ha perecido y ahora mi padre me ha dicho &#8220;Es culpa tuya&#8221;&#8230;&#8221;<br />
La gran diosa madre respondió: &#8221; Nada temas&#8230; Ve, tráeme a la abeja. Le daré instrucciones y buscará (al Dios de la tormenta).&#8221;<br />
El padre de Dios de la tormenta dijo a la gran diosa madre: &#8220;Los grandes dioses y los pequeños dioses lo han buscado sin hallarlo. Ahora será la abeja la que irá en su busca: sus alas son frágiles, ella misma es frágil&#8230;.</p>
<p>La continuación de la Versión se ha perdido, pero es posible reconstruir el relato con ayuda de otras versiones paralelas:<br />
La abeja encontrará al Dios dormido en un bosque. Lo despertará picándolo con su aguijón, pero no consigue más que acrecentar la cólera de Dios, que se desencadena contra el país. Los dioses desesperados, recurren a la magia: es la diosa Kamrushepa la que se encargará de apaciguar al Dios, de incitarlo de nuevo a que cuide del rey y de su país.</p>
<p style="text-align: right;"><em>HISTORIA DE LAS RELIGIONES. Siglo XXI. Religión Hitita. </em></p>
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		<title>Las tres hijas del Rey</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Mar 2008 17:10:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Brujita</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[hijas]]></category>
		<category><![CDATA[rey]]></category>
		<category><![CDATA[tres]]></category>

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		<description><![CDATA[Erase que se era, un poderoso rey que tenía tres hermosas hijas, de las que estaba orgulloso, pero ninguna podía competir en encanto con la menor, a la que él amaba más que a ninguna.
Las tres estaban prometidas con otros tantos príncipes y eran felices.
Un día, sintiendo que las fuerzas le faltaban, el monarca convocó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Erase que se era, un poderoso rey que tenía tres hermosas hijas, de las que estaba orgulloso, pero ninguna podía competir en encanto con la menor, a la que él amaba más que a ninguna.<br />
Las tres estaban prometidas con otros tantos príncipes y eran felices.</p>
<p>Un día, <span id="more-32"></span>sintiendo que las fuerzas le faltaban, el monarca convocó a toda la corte, sus hijas y sus prometidos.</p>
<p align="justify">-Os he reunido porque me siento viejo y quisiera abdicar. He pensado dividir mi reino en tres partes, una para cada princesa. Yo viviré una temporada en casa de cada una de mis hijas, conservando a mi lado cien caballeros. Eso sí, no dividiré mi reino en tres partes iguales sino proporcionales al cariño que mis hijas sientan por mí.<br />
Se hizo un gran silencio. El rey preguntó a la mayor:<br />
¿Cuánto me quieres, hija mía?<br />
-Más que a mi propia vida, padre. Ven a vivir conmigo y yo te cuidaré.<br />
-Yo te quiero más que a nadie del mundo -dijo la segunda.<br />
La tercera, tímidamente y sin levantar los ojos del suelo, murmuró:<br />
-Te quiero como un hijo debe querer a un padre y te necesito como los alimentos necesitan la sal.<br />
El rey montó en cólera, porque estaba decepcionado.<br />
- Sólo eso? Pues bien, dividiré mi reino entre tus dos hermanas y tú no recibirás nada.<br />
En aquel mismo instante, el prometido de la menor de las princesas salió en silencio del salón para no volver; sin duda pensó que no le convenía novia tan pobre.<br />
Las dos princesas mayores afearon a la menor su conducta.<br />
-Yo no sé expresarme bien, pero amo a nuestro padre tanto como vosotras -se defendió la pequeña, con lágrimas en los ojos-. Y bien contentas podéis estar, pues ambicionabais un hermoso reino y vais a poseerlo.<br />
Las mayores se reían de ella y el rey, apesadumbrado, la arrojó de palacio porque su vista le hacía daño.<br />
La princesa, sorbiéndose las lágrimas, se fue sin llevar más que lo que el monarca le había autorizado: un vestido para diario, otro de fiesta y su traje de boda. Y así empezó a caminar por el mundo. Anda que te andarás, llegó a la orilla de un lago junto al que se balanceaban los juncos. El lago le devolvió su imagen, demasiado suntuosa para ser una mendiga. Entonces pensó hacerse un traje de juncos y cubrir con él su vestido palaciego. También se hizo una gorra del mismo material que ocultaba sus radiantes cabellos rubios y la belleza de su rostro.<br />
A partir de entonces, todos cuantos la veían la llamaban &#8220;Gorra de Junco&#8221;.<br />
Andando sin parar, acabó en las tierras del príncipe que fue su prometido. Allí supo que el anciano monarca acababa de morir y que su hijo se había convertido en rey. Y supo asimismo que el joven soberano estaba buscando esposa y que daba suntuosas fiestas amenizadas por la música de los mejores trovadores.<br />
La princesa vestida de junco lloró. Pero supo esconder sus lágrimas y su dolor. Como no quería mendigar el sustento, fue a encontrar a la cocinera del rey y le dijo:<br />
-He sabido que tienes mucho trabajo con tanta fiesta y tanto invitado. ¿No podrías tomarme a tu servicio?<br />
La mujer estudió con desagrado a la muchacha vestida de juncos. Parecía un adefesio&#8230;<br />
-La verdad es que tengo mucho trabajo. Pero si no vales te despediré, con que procura andar lista.<br />
En lo sucesivo, nunca se quejó, por duro que fuera el trabajo. Además, no percibía jornal alguno y no tenía derecho más que a las sobras de la comida. Pero de vez en cuando podía ver de lejos al rey, su antiguo prometido cuando salía de cacería y sólo con ello se sentía más feliz y cobraba alientos para sopor-tar las humillaciones.<br />
Sucedió que el poderoso rey había dejado de serlo, porque ya había repartido el reino entre sus dos hijas mayores. Con sus cien caballeros, se dirigió a casa de su hija mayor, que le salió al encuentro, diciendo:<br />
-Me alegro de verte, padre. Pero traes demasiada gente y supongo que con cincuenta caballeros tendrías bastante.<br />
-¿Cómo? exclamó él encolerizado-. ¿Te he regalado un reino y te duele albergar a mis caballeros? Me iré a vivir con tu hermana.<br />
La segunda de sus hijas le recibió con cariño y oyó sus quejas. Luego le dijo:<br />
-Vamos, vamos, padre; no debes ponerte así, pues mi hermana tiene razón. ¿Para qué quieres tantos caballeros? Deberías despedirlos a todos. Tú puedes quedarte, pero no estoy por cargar con toda esa tropa.<br />
-Conque esas tenemos? Ahora mismo me vuelvo a casa de tu hermana. Al menos ella, admitía a cincuenta de mis hombres. Eres una desagradecida.<br />
El anciano, despidiendo a la mitad de su guardia, regresó al reino de la mayor con el resto. Pero como viajaba muy des-pacio a causa de sus años, su hija segunda envió un emisario a su hermana, haciéndola saber lo ocurrido. Así que ésta, alertada, ordenó cerrar las puertas de palacio y el guardia de la torre dijo desde lo alto:<br />
-iMarchaos en buena hora! Mi señora no quiere recibiros.<br />
El viejo monarca, con la tristeza en alma, despidió a sus caballeros y como<br />
nada tenía, se vio en la precisión de vender su caballo. Después, vagando por el bosque, encontró una choza abandonada y se quedó a vivir en ella.<br />
Un día que Gorro de Junco recorría el bosque en busca de setas para la comida del soberano, divisó a su padre sentado en la puerta de la choza. El corazón le dio un vuelco. ¡Que pena, verle en aquel estado!<br />
El rey no la reconoció, quizá por su vestido y gorra de juncos y porque había perdido mucha vista.<br />
-Buenos días, señor -dijo ella-. ,Es que vivís aquí solo?<br />
-Quién iba a querer cuidar de un pobre viejo? -replicó el rey con amargura.<br />
-Mucha gente -dijo la muchacha-.<br />
Y si necesitáis algo decídmelo.<br />
En un momento le limpió la choza, le hizo la cama y aderezó su pobre comida.<br />
-Eres una buena muchacha -le dijo el rey.<br />
La joven iba a ver a su padre todos los domingos y siempre que tenía un rato libre, pero sin darse a conocer. Y también le llevaba cuanta comida podía agenciarse en las cocinas reales. De este modo hizo menos dura la vida del anciano.<br />
En palacio iba a celebrarse un gran baile. La cocinera dijo que el personal tenía autorización para asistir.<br />
-Pero tú, Gorra de Junco, no puedes presentarte con esa facha, así que cuida de la cocina -añadió.<br />
En cuanto se marcharon todos, la joven se apresuró a quitarse el disfraz de juncos y con el vestido que usaba a diario cuando era princesa, que era muy hermoso, y sus lindos cabellos bien peinados, hizo su aparición en el salón. Todos se quedaron mirando a la bellísima criatura. El rey, disculpándose con las princesas que estaban a su lado, fue a su encuentro y le pidió:<br />
-Quieres bailar conmigo, bella desconocida?<br />
Ni siquiera había reconocido a su antigua prometida. Cierto que había pasado algún tiempo y ella se había convertido en una joven espléndida.<br />
Bailaron un vals y luego ella, temiendo ser descubierta, escapó en cuanto tuvo ocasión, yendo a esconderse en su habitación. Pero era feliz, pues había estado junto al joven a quien seguía amando.<br />
Al día siguiente del baile en palacio, la cocinera no hacía más que hablar de la hermosa desconocida y de la admiración que le había demostrado al soberano.<br />
Este, quizá con la idea de ver a la linda joven, dio un segundo baile y la princesa, con su vestido de fiesta, todavía más deslumbrante que la vez anterior, apareció en el salón y el monarca no bailó más que con ella. Las princesas asistentes, fruncían el ceño.<br />
También esta vez la princesita pudo escapar sin ser vista.<br />
A la mañana siguiente, el jefe de cocina amonestó a la cocinera.<br />
-Al rey no le ha gustado el desayuno que has preparado. Si vuelve a suceder, te despediré.<br />
De nuevo el monarca dio otra fiesta. Gorra de Junco, esta vez con su vestido de boda de princesa, acudió a ella. Estaba tan hermosa que todos la miraban.<br />
El rey le dijo:<br />
-Eres la muchacha más bonita que he conocido y también la más dulce. Te suplico que no te escapes y te cases conmigo.<br />
La muchacha sonreía, sonreía siempre, pero pudo huir en un descuido del monarca. Este estaba tan desconsolado que en los días siguientes apenas probaba la comida<br />
Una mañana en que ninguno se atrevía a preparar el desayuno real, pues nadie complacía al soberano, la cocinera ordenó a Gorra de Junco que lo preparase ella, para librarse así de regañinas. La muchacha puso sobre la mermelada su anillo de prometida, el que un día le regalara el joven príncipe. Al verlo, exclamó:<br />
-jQue venga la cocinera!<br />
La mujer se presentó muerta de miedo y aseguró que ella no tuvo parte en la confección del desayuno, sino una muchacha llamada Gorra de Junco. El monarca la llamó a su presencia. Bajo el vestido de juncos llevaba su traje de novia.<br />
-De dónde has sacado el anillo que estaba en mi plato?<br />
-Me lo regalaron.<br />
-Quién eres tú?<br />
-Me llaman Gorra de Junco, señor.<br />
El soberano, que la estaba mirando con desconfianza, vio bajo los juncos un brillo similar al de la plata y los diamantes y exigió:<br />
-Déjame ver lo que llevas debajo.<br />
Ella se quitó lentamente el vestido de juncos y la gorra y apareció con el mara-villoso vestido de bodas.<br />
-Oh, querida mia! ¿Así que eras tú? No sé si podrás perdonarme.<br />
Pero como la princesa le amaba, le perdonó de todo corazón y se iniciaron los preparativos de las bodas. La princesa hizo llamar a su padre, que no sabía cómo disculparse con ella por lo ocurrido.<br />
El banquete fue realmente regio, pero la comida estaba completamente sosa y todo el mundo la dejaba en el plato. El rey, enfadado, hizo que acudiera el jefe de cocina.<br />
-Esto no se puede comer -protestó.<br />
La princesa entonces, mirando a su padre, ordenó que trajeran sal. Y el anciano rompió a llorar, pues en aquel momento comprendió cuánto le amaba su hija menor y lo mal que había sabido comprenderla.<br />
En cuanto a las otras dos ambiciosas princesas, riñeron entre sí y se produjo una guerra en la que murieron ellas y sus maridos. De tan triste circunstancia supo compensar al anciano monarca el cariño de su hija menor.</p>
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		<title>El rey Midas</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Mar 2008 13:05:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Susurros</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Baco después de la muerte de Orfeo, se conduce al reino de Midas.
Este príncipe lo recibió magníficamente y lo retuvo durante diez días, que fueron empleados en jolgorios y festines. Al onceno día partieron para Ladia, donde este mismo rey entregó a Baco su huésped. Encantado este dios de volver a ver a Sileno, ordenó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Baco después de la muerte de Orfeo, se conduce al reino de Midas.<br />
Este príncipe lo recibió magníficamente y lo retuvo durante diez días, que fueron empleados en jolgorios y festines. Al onceno día partieron para Ladia, donde <span id="more-25"></span>este mismo rey entregó a Baco su huésped. Encantado este dios de volver a ver a Sileno, ordenó al rey de Frigia le pidiera todo lo que deseaba. Midas, sin medir lo peligroso de su petición, le rogó que todo cuanto él tocara se transformara en oro. Consintió Baco en su deseo, retirándose Midas colmado de felicidad. Por de pronto tomó una rama de árbol, cambiándose al momento en una rama de oro. Arrancó unas espigas de trigo y se transformaron al momento en la más preciosa mies. Apenas tocó las puertas de su palacio, comenzaron a despedir colores refulgentes. Al lavarse las manos, el agua que caía tomó un color que hubiera podido engañar a Dánae. Encantado de virtud tan extraordinaria, se entregó a los transportes de su alegría. Cuando fue a la mesa y quiso tomar el pan, se le convirtió en oro. Lo mismo le sucedió con todas las demás viandas y el vino. Sorprendido por este detalle, con el que no contó, rico y pobre a la vez, detestó una opulencia tan funesta y se arrepintió de haberla deseado. En medio de tanta abundancia no podía satisfacer su hambre ni aplacad la sed que le devoraba. &lt;&lt; Padre Baco -imploraba-, reconozco mi falta; perdóname y líbrame de un estado que no es bueno sino en apariencia.&gt;&gt; Baco, dulce y bienhechor, le concedió de nuevo su petición. &lt;&lt; Vete y lava tus manos en el río que corre cerca de la ciudad de Sarde, introdúcete en sus aguas para purificarte del pecado cometido.&gt;&gt; Midas obedeció, y al perder él la virtud de convertir en oro todo lo que tocaba, se la transmitió al Pactolo, que tiempos después arrastraba arenas de oro. Como este río se desborda con frecuencia e inunda las campiñas, se encuentran en ellas las venas de oro que él deja.OVIDIO. LAS METAMORFÓSIS. Libro Undécimo I.</p>
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