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	<title>La torre de media tarde &#187; Prometeo</title>
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	<description>El lugar donde la fantasía toma forma, leyendas, cuentos, mitologías, deidades, imaginación, criaturas, etc.</description>
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		<title>Zeus, Prometeo, Atenea y Momo</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Aug 2008 08:43:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Zeus hizo un toro, Prometeo un hombre, Atenea una casa, y llamaron a Momo como juez. Momo, celoso de sus obras, empezó a decir que Zeus había cometido un error al no colocar los ojos del toro en los cuemos, a fin de que pudiera ver dónde hería, y Prometeo otro al no suspender el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Zeus hizo un toro, Prometeo un hombre, Atenea una casa, y llamaron a Momo como juez.</p>
<p>Momo, celoso de sus obras, empezó a decir que Zeus había cometido un error al no colocar los ojos del toro en los cuemos, a fin de que pudiera ver dónde hería, y Prometeo otro al no suspender el corazón del <span id="more-178"></span>hombre fuera de su pecho para que la maldad no estuviera escondida y todos pudieran ver lo que hay en el espíritu. En cuanto a Atenea, que debía haber colocado su casa sobre ruedas, con objeto de que si un malvado se instalaba en la vecindad, sus moradores pudieran trasladarse fácilmente.</p>
<p>Zeus, indignado por su envidia, arrojó a Momo del Olimpo.</p>
<p style="text-align: center;"><em>Cualquier obra que se haga, por más perfecta que parezca, siempre alguien encontrará alguna razón para criticarla. Así que nunca nos desanimemos por lo que juzguen de nuestras obras; nunca faltará quien le encuentre defectos.</em></p>
<p style="text-align: right;">ESOPO</p>
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		<title>Prometeo encadenado</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 05:03:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>
		<category><![CDATA[Mitología Griega]]></category>
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		<description><![CDATA[El semidiós Prometeo, atado a una roca, clamaba por la injusticia del dios Zeus. ¡Oh, Sol!¡Oh, mares!¡Oh, cielos! Contemplad qué injusticia comete un dios cruel, injusto! El encadenado Prometeo rompía el silencio con sus lamentos, y las ninfas, que eran hijas del océano, se acercaban a consolarlo, pero no podían liberarlo. Prometeo era hijo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El semidiós Prometeo, atado a una roca, clamaba por la injusticia del dios Zeus.</p>
<p>¡Oh, Sol!¡Oh, mares!¡Oh, cielos! Contemplad qué injusticia comete un dios cruel, injusto!</p>
<p>El encadenado Prometeo rompía el <span id="more-114"></span>silencio con sus lamentos, y las ninfas, que eran hijas del océano, se acercaban a consolarlo, pero no podían liberarlo.</p>
<p>Prometeo era hijo de una ninfa del océano, Climenes, y del titán Japeto.</p>
<p>Había desafiado al dios Zeus, por dos veces, y éste lo había condenado al sufrimiento eterno.</p>
<p>Prometeo amaba y protegía a la raza humana. Advertido de que a los hombres sólo se les reservaban las peores presas de los animales sacrificados en los templos, en tanto que se le ofrecían al omnipotente Zeus los trozos más delicados y sabrosos, el rebelde ideó un plan osado para burlarse del privilegiado dios del Olimpo. Condujo un buey hasta el altar, lo sacrificó y separando las carnes y los huesos, metió las primeras en un saco y los segundos en otro. Invocó a Zeus y lo invitó a elegir el saco que prefiriese. El soberano del Olimpo eligió los huesos, que habían sido envueltos en grasa por el astuto Prometeo, y al verse burlado por el protector de los hombres, en el colmo de la ira, decidió vengarse en éstos quitándoles el don del fuego. Apagó los hogares de todas las viviendas humanas, de los talleres y forjas, dejando en la mayor miseria a la raza humana, protegida del titán Prometeo.</p>
<p>A partir de aquel día ya no se oyeron resonar sobre la Tierra los yunques de las forjas. Los hombres no tuvieron más arados, armas ni herramientas; no se encendieron lámparas cuando las sombras de la noche descendían de lo alto; no crepitaron leños en las casas para calentar a los viejos y a los niños; ya no se asaban las carnes, y la humanidad se sintió infeliz, pues había perdido uno de sus bienes más preciados: el fuego.</p>
<p>El más apesadumbrado era Prometeo, porque se consideraba culpable,por haber provocado la cólera de Zeus. Pero a su vez descargaba su rencor contra éste, por haber castigado a todos los hombres por una burla insignificante.</p>
<p>Prometeo sabía que en el reino de los dioses había una gruta sagrada. En ella ardía un fuego perenne, origen de todos los fuegos. El titán decidió robar allí una centella para restituir a los hombres el bien perdido.</p>
<p>Cuando el despótico Zeus advirtió que de las chimeneas de las viviendas de los hombres salía humo, comprendió que su poder había sido desafiado otra vez por el astuto titán. Su cólera explotó, terrible. Encadenó a Prometeo a una roca sobre una alta y gélida cumbre, y ordenó que un águila le abriese el vientre y le devorase el hígado.</p>
<p>Durante la noche, el hígado del condenado crecía de nuevo, y al día siguiente volvía, una y otra vez, a ser devorado por el águila de Zeus.</p>
<p>Pasó el tiempo, pasaron siglos, y los gritos de Prometeo seguían llenando los aires. El sufrimiento de éste despertaba compasión, pero nadie se atrevía a aliviarlo. Un día acertó a pasar Hércules por allí, y mató de un flechazo al águila devoradora. Así terminó el castigo del titán que robó el fuego para los hombres.</p>
<p>Y durante siglos el mundo habló de Prometeo, quien, por amor a los hombres, había osado temerariamente desafiar la ira de los terribles dioses.</p>
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		<title>Pandora</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Feb 2008 02:26:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Susurros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Leyendas]]></category>
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		<description><![CDATA[Prometeo después de burlar la vigilancia de Zeus esconde y da el fuego a los hombres. Zeus se dirige a Prometeo hijo de Jápeto. &#8220;Hijo de Jápeto, conocedor de los designios sobre todas las cosas, te alegras de haberme robado el fuego y de haber conseguido engañar mi inteligencia, ¡enorme desgracia para ti mismo y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><font color="#999999"><font color="#993300">Prometeo después de burlar la vigilancia de Zeus esconde y da el fuego a los hombres. Zeus se dirige a Prometeo hijo de Jápeto.</font> </font></em></p>
<p align="justify"> &#8220;Hijo de Jápeto, conocedor de los designios sobre todas las cosas, te alegras de haberme robado el fuego y de haber conseguido engañar mi inteligencia, ¡enorme desgracia para ti mismo y para los hombres futuros! A cambio del fuego, les daré un mal con el que todos se recreen al acariciar con cariño su propia desgracia.<span id="more-4"></span><br />
Así habló. Rompió a carcajadas el padre de hombres y dioses y ordenó al ilustre Hefesto mezclar inmediatamente tierra con agua, infundirle voz y vida humana y hacer una linda y encantadora figura de doncella, semejante en su rostro a las diosas inmortales. Luego, encargó a Atenea que le ensañara sus labores: a tejer la tela de finos encajes. A Afrodita le mandó verter en torno a su cabeza sus dorados encantos: una irresistible sensualidad y los halagos cautivadores. En fin, a Hermes, el mensajero Argifonte, le encargó que la dotara de una mente cínica y un carácter voluble.<br />
Dijo estas órdenes y aquellos obedecieron al soberano Zeus Cronida. Inmediatamente el ilustre Patizambo modeló de la tierra una imagen con apariencia de casta doncella, por voluntad del Cronida. La diosa Atenea, de ojos glaucos, le dio ceñidor y la engalanó. Las divinas Gracias y la augusta persuasión rodearon su cuello de dorados collares. Las Horas, de hermosos cabellos, la ciñeron con flores de primavera. Palas Atenea ajustó a su cuerpo todo tipo de aderezos. Y luego, el mensajero Argifonte configuró en su pecho mentiras, palabras seductoras y un carácter voluble, por voluntad de Zeus agravionamente. Le dio el habla el heraldo de los dioses y puso esta mujer el nombre de Pandora porque todos los que poseen las mansiones olímpicas le concedieron un regalo, perdición para los hombres que se alimentan de pan.<br />
Luego que remató su espinosa e irresistible trampa, el padre despachó hacia Epimeteo al ilustre Argifonte con el regalo, de los dioses rápido mensajero.<br />
Y no se cuidó Epimeteo de que Prometeo le había advertido no aceptar nunca un regalo de manos de Zeus Olímpico, sino devolverlo acto seguido, para que no sobreviniera una desgracia inesperada a los hombres mortales. Entonces cayó en la cuenta, cuando lo hubo aceptado y ya tenía el mal encima.<br />
Pues bien, ocurrió que hace tiempo los grupos humanos vivían sobre la tierra libres de males y exentos de duro trabajo y las enfermedades amargas, que acarrean la muerte a los hombres, pues es en medio de la desgracia cuando de repente los hombres empezaron a envejecer. Pero aquella mujer, al quitar con sus manos la tapa de una jarra, los dejó diseminarse y procuró a la humanidad lamentables preocupaciones.<br />
Sólo allí quedó la esperanza, aprisionada entre infrangibles muros, bajo los bordes de la jarra, sin poder volar hacia la puerta. Pues antes, por voluntad de Zeus, portador de la Egida y amontonador de nubes, cayó la tapa de la jarra.<br />
Y he aquí que mil diversas amarguras deambulan entre los humanos. Repleta de males está la tierra y repleto está el mar. Las enfermedades, ya de día, ya de noche, van y viene a su capricho sobre los hombres, puesto que el providente Zeus les negó el habla, penas a los mortales. De esta manera no es posible en ninguna parte escapar a la voluntad de Zeus.<!--more--></p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p align="justify">TRABAJOS Y DÍAS. HESIODO.</p>
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