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	<title>La torre de media tarde &#187; Argos</title>
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		<title>La leyenda de Melampo</title>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2008 23:49:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Creteo fundó Yolco y se casó con Tiro, hija de Salmoneo, de la que tuvo estos hijos, Esón, Amitaón y Feres. Amitaón se estableció en Pilos, se casó con Idómene, hija de Feres, y tuvo dos hijos, Biante y Melampo, que residía en el campo, delante de su vivienda existía una <span id="more-84"></span>encina en la que se hallaba un nido de serpientes; sus criados las mataron y él, al recoger leña, quemó a los reptiles pero crió a sus retoños. Cuando éstos se hicieron grandes, colocándose sobre sus hombros mientras dormía, le limpiaron los oídos con sus lenguas. Melampo, al despertarse lleno de temor, comprendía la lengua de los pájaros que revoloteaban a su alrededor y aprendiendo de ellos, predecía el porvenir a los hombres. También adquirió el arte de adivinar por medio de los auspicios y, tras su: encuentro con Apolo en las proximidades del Alfeo, fue en lo sucesivo un magnífico adivino.<br />
Biante pretendía en matrimonio a Pero, hija de Necleo; pero éste, como eran muchos los que pretendían a su hija, afirmó que se la entregaría a aquel que le trajera las vacas de Fílaco; éstas se hallaban en Fílace vigiladas por un perro al que no era capaz de acercarse ningún hombre ni animal. Siéndole imposible a Biante robar estas vacas, llamó a su hermano en su ayuda. Melampo se comprometió a hacerlo y predijo que sería descubierto mientras las robaba y que obtendría las vacas luego de permanecer encadenado por espacio de un año. Tras esta promesa, Melampo se dirigió a Fílace y, tal como había anunciado, fue descubierto durante el robo y puesto en prisión dentro de una celda. Cuando faltaba poco tiempo para el año, escuchó unos gusanos en una zona oculta del techo, uno preguntaba qué porción de viga estaba carcomida ya, y el otro respondía que era muy poco lo que faltaba. Reclamó de inmediato que le trasladasen a otra celda y no mucho después de que esto ocurriese se derrumbó aquella. Fílaco, admirado y percatándose de que era un magnífico adivino, le pidió, tras ponerlo en libertad, que le dijera de qué manera su hijo Ificlo podría tener hijos. Melampo se comprometió a ello a condición de obtener las vacas. Tras ofrecer en sacrificio dos toros y descuartizarlos, invoco a las aves. Acudió un buitre y por él supo que en cierta ocasión, hallándose Fílaco castrando corderos había dejado el cuchillo aun ensangrentado junto a Ificlo al huir asustado el niño lo clavó en una encina sagrada y su corteza, que había crecido en torno suyo lo había ocultado. El afirmó que si encontraba el cuchillo y, raspando el orín, se lo daba a beber a Ificlo durante diez días, éste engendraría hijos. En cuanto Melampo supo esto por el buitre, halló el cuchillo y, raspando el orín, se lo dio a beber durante diez días a Ificlo, a quien más tarde le nació un hijo, Podarces. A continuación llegó a Pilos y tomando a la hija de Neleo se la entregó a su hermano. Durante un cierto tiempo residió en Mesenia, pero cuando Dioniso enloqueció a las mujeres de Argos, él las curó a cambio de una parte del reino y se instaló allí en compañía de Biante.</p>
<p style="text-align: right;">APOLODORO.</p>
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		<title>La leyenda de Meleagro</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Mar 2008 20:52:56 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">De Éneo tuvo Altea otro hijo, Meleagro, al que algunos afirman concibió de Ares. Cuentan que cuando éste cumplió siete días se presentaron las Moiras y anunciaron que Meleagro moriría cuando se consumiera por completo el tizón que ardía en el hogar. En cuanto Altea oyó esto, recogió el tizón y lo guardó en un arcón. Sin embargo, Meleagro, que se había hecho un hombre invulnerable y apuesto pereció de la siguiente forma: cuando Éneo ofreció a todos los dioses las <span id="more-30"></span>primicias de los frutos habidos durante el año en la comarca, se olvidó tan sólo de Aternis, y ella, llena de ira, envió un jabalí de tamaño y fuerza extraordinarios que dejaba yerma la tierra y aniquilaba los ganados y a todo ser con el que se encontraba. Contra este jabalí Éneo convocó a todos los campeones de la Hélade y proclamó que a quien lograra dar muerte a la fiera, le concedería en premio su piel. Los que se reunieron para dar caza al jabalí eran los siguientes: Meleagro, hijo de Éneo, y Driante, hijo de Ares, estos dos de Calidón; Idas y Linceo, hijos de Afareo, de Mesenia, Cástor y Pólux, hijos de Zeus y Leda, de Lacedemonia; Teseo, hijo de Egeo, de Atenas; Admeto, hijo de Feres, de Feras; Anceo y Cefeo, Hijos de Licurgo, de Arcadia; Jasón, hijo de Esón, de Yolco; Ificles, hijo de Anfitrión, de Tebas; Pirítoo, hijo de Ixión, de Larisa; Peleo, hijo de éaco, de Ftía; Telamón, hijo de Éaco, de Salamina; Euritión, hijo de Actor, de Ftía; Atalanta, hija de Esqueneo, de Arcadia; Anfiarao, hijo de Oícles, de Argos; con éstos también estaban los hijos de Testio. Una vez reunidos, Éneo les brindó hospitalidad durante nueve días; pero al décimo, aunque Cefeo, Anceo y algunos otros rehusaban partir hacia la cacería en compañía de una mujer, Meleagro, que, pese a tener por esposa a Cleopatra, hija de Idas y Marpesa, quería hacer el amor también con Atalanta, les obligó a partir de cacería con ella. Cuando tenían rodeado al jabalí, Hileo y Anceo perecieron a manos de la fiera y Peleo hirió con la jabalina sin querer a Euritión. Atalanta fue la primera que con sus flechas alcanzó al jabalí en el lomo y Anfiarao el segundo, en un ojo; pero Meleagro logró acabar con él hiriéndole en el flanco y, tomando la piel, se la regaló a Atalanta. Los hijos de Testio consideraron inaceptable que una mujer obtuviera el premio habiendo varones y le arrebataron la piel, aduciendo que les correspondía por parentesco si Meleagro prefería no tomarla. Pero Meleagro, llevado por la ira, mató a los hijos de Testio y entregó la piel a Atalanta. Altea, llena de pesadumbre por la muerte de sus hermanos prendió fuego al tizón y de inmediato Meleagro pereció.<br />
No obstante algunos dicen que Meleagro no murió de ese modo, sino que mientras los hijos de Testio disputaban por la piel, ya que a su juicio Ificles había sido el primero en alcanzarlo, estalló una guerra entre los Curetes y los calidonios; al irrumpir allí Meleagro y matar a alguno de los hijos de Testio, Altea lanzó contra él una maldición y éste, irritado, se quedó en casa; pero cuando los enemigos se aproximaron a las murallas y le suplicaron los ciudadanos que acudiera en su ayuda, dejándose a duras penas persuadir por su esposa, salió y, tras matar a los restantes hijos de Tesio, pereció en la batalla. Después de la muerte de Meleagro, Altea y Cleopatra se ahorcaron y las mujeres que plañían ante su cadáver quedaron convertidas en aves.</p>
<p align="justify">
APOLODORO.</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
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		<title>La leyenda de Perseo</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Mar 2008 16:59:53 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify">Cuando Acrisio preguntó al oráculo sobre la manera de que le nacieran hijos varones, el dios le respondió que de su hija nacería un niño que le daría muerte. Temiendo esto, Acrisio construyó bajo tierra una cámara de bronce y allí guardó a Dánae. Sin embargo, según dicen algunos, a ésta fue Preto quien la sedujo y de aquí surgió la querella entre ambos; según aseguran otros, Zeus se transformó en lluvia de oro y, <span id="more-24"></span>deslizándose hasta el seno de Dánae a través del techo, se unió a ella. Cuando más tarde Acrisio supo que de ella había nacido. Perseo, no creyó que hubiera sido seducida por Zeus y, poniendo en un arca a su hija junto con el niño, los arrojó al mar. En cuanto el arca arribó a Sírifos, Dictis los sacó de ella y crió al niño. El hermano de Dictis, Polidectes, que era entonces el rey de Sírifos, se enamoró de Dánae y, al no poder tener relaciones con ella por ser Perseo ya un hombre, convocó a sus amigos y con ellos, también a Perseo, y les dijo que reuniesen sus aportaciones para la boda de Hipodamía, la hija de Enómao. Como Perseo dijera que no pondría reparos ni aunque se tratara de la cabeza de la Gorgona, a los demás les pidió caballos pero no aceptó los caballos de Perseo, sino que le ordenó que le trajese la cabeza de la Gorgona. Este, guiado por Atenea y Hermes, se dirigió al encuentro de las hijas de Forcis, Enio, Pefredo y Dino; eran estas hijas de Ceto y Forcis, hermanas de las Górgonas, viejas desde su nacimiento. Tenían las tres un solo ojo y un solo diente y, turnándose, se lo pasaban de una a otra. Entonces Perseo se apoderó de ellos y, cuando se lo reclamaron, les dijo que se los devolvería si le indicaban el camino que conducía hacia las ninfas. Éstas tenían unas sandalias aladas y la kíbisis, que dicen era una especie de zurrón. Píndaro y también Hesíodo en el Escudo dicen sobre Perseo: &lt;<la>&gt;.</la><br />
<la> Así se la denomina por depositarse en ella el vestido y la comida. Tenían las ninfas además el casco de Hades. Cuando las Fórcides le mostraron el camino, les devolvió el diente y el ojo y, en cuanto llegó a presencia de las ninfas, consiguió lo que buscaba; se colgó la kíbisis, se ajustó las sandalias a los tobillos y colocó sobre su cabeza el casco con el que podía ver a los que quería sin ser visible al resto. Recibió también de Hermes una hoz de acero y llegó volando hasta el Océano, sorprendiendo allí a las Górgonas mientras dormían. Eran estas Esteno, Euríale y Medusa, que era la única mortal; por eso Perseo fue enviado a por su cabeza. Tenían las Górgonas la cabeza cubierta por escamas de dragón, grandes dientes como de jabalíes, manos de bronce y alas de oro con las que volaban. A los que miraban los convertían en piedra. Perseo, por tanto, se colocó junto ellas mientras estaban dormidas y, guiando Atenea su mano y volviendo la mirada hacia el escudo de bronce en el que veía reflejada la imagen de la Gorgona, logró decapitarla. Una vez cortada la cabeza, surgieron de la Gorgona el caballo alado Pegaso y Crisaor, el padre de Gerión, que habían sido engendrados por Posidón. Entonces Perseo metió en la kíbisis la cabeza de la Gorgona y emprendió el regreso, pero las Górgonas se despertaron de su sueño y emprendieron su persecución, sin embargo no podían verlo gracias al casco que lo ocultaba.</la><br />
<la> Al llegar a Etiopía, donde reinaba Cefeo, halló a la hija de éste abandonada como presa para un monstruo marino. Pues, Casiopea, la esposa de Cefeo, había competido en belleza con las Nereidas y se jactaba de ser superior a todas ellas. Por ello se habían encolerizado las Nereidas y Posidón, que compartía su indignación, envió una inundación y un monstruo contra la comarca. No obstante, Amón vaticinó que se verían libres de la calamidad si la hija de Casiopea, Andrómeda, era ofrecida como alimento para el monstruo; Cefeo fue obligado por los etíopes a hacerlo y encadenó a su hija a una roca. Al verla, Perseo se enamoró de ella y prometió a Cefeo que aniquilaría al monstruo si, una vez a salvo, se la daba como esposa. Habiéndose realizado los juramentos en estos términos, se enfrentó al monstruo, le dio muerte y liberó a Andrómeda. Entonces Fineo, que era hermano de Cefeo y estaba prometido con anterioridad a Andrómeda, tramó un complot contra él, pero cuando Perseo tuvo conocimiento del mismo, mostrando a éste y a los que con él participaban en la conjura a la Gorgona, al punto los convirtió en piedra. Cuando llegó a Sírifos y se encontró con que su madre, en unión de Dictis, se había refugiado en los altares a causa de la violencia de Polidectes, penetró en el palacio donde Polidectes había convocado a sus fieles y, dándose la vuelta, les mostró la cabeza de la Gorgona; en cuanto la miraron, quedaron petrificados, en la postura que cada cual tenía en ese momento. Tras poner a Dictis como rey de Sírifos, devolvió a Hermes las sandalias, la kíbisis y el casco, pero la cabeza de la Gorgona se la entregó a Atenea. Hermes devolvió lo antedicho a las ninfas, mientras que Atenea dispuso en el centro de su escudo la cabeza de la Gorgona. Se cuenta por algunos que Medusa fue decapitada por causa de Atenea, y afirman también que la Gorgona pretendió rivalizar con ella en belleza.</la><br />
<la> Perseo, en compañía de Dánae y Andrómeda, se dirigió apresuradamente hacia Argos para ver a Acrisio. Pero cuando éste se enteró, temeroso del oráculo abandonó Argos y se encaminó al país pelásgico. Teutámidas, rey de Larisa, había organizado un certamen gimnástico en honor de su padre muerto, y Perseo también acudió con el propósito de participar en él; pero mientras competía en el pentatlon, fue a dar con el disco en un pie a Acrisio y al punto le dio muerte. Dándose cuenta entonces de que se había cumplido el oráculo, enterró a Acrisio fuera de la ciudad y sintiendo reparos de regresar a Argos a por la herencia de un hombre que había muerto a sus manos, se dirigió a Tirinto junto a Megapentes, el hijo de Preto, y efectuando con él un intercambio le entregó Argos. Así Megapentes reinó sobre los argivos y Perseo en Tirinto, tras haber fortificado Midea y Micenas. De Andrómeda tuvo hijos; antes de ir a la Hélade, a Perses, al que dejó al lado de Cefeo, de éste se dice que descienden los reyes de Persia; y en Micenas tuvo a Alceo, Esténelo, Heleo, Méstor y Electrión, y una hija Gorgófone, a quien tomó por esposa Perieres.</la></p>
<p>APOLODORO.</p>
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