24
Feb

La liebre y la tortuga

   Escrito por: Susurros   en Fábulas

 La liebre y la tortuga

Érase una vez que se era una veloz liebre. Ésta era reconocida en todo el mundo animal por su rapidez y presteza en llevar y traer los recados. Admirada por muchos y envidiada por algunos, se pasaba el día entero alardeando de su velocidad ante todos los demás animales del bosque. La liebre disfrutaba especialmente en burlarse de la tortuga y no perdía una ocasión en la que pudiese reírse de ella.
– Eh! Tortuga! No corras tanto que no te alcanzo! –le decía la liebre cuando la veía pasear parsimoniosamente por los caminos.
Un día mientras un grupo de animales charlaban amistosamente la liebre comenzó a imitar los lentos andares de la tortuga y a mofarse de ella. A lo que la tortuga, le respondió retándola a hacer una carrera.
– Si me ganas – dijo la tortuga – me coronaré como el animal más lento de todo el bosque y podrás reírte de mí todo lo que quieras. Pero si gano yo, a cambio tendrás que llevar mi caparazón a cuestas todo un año.
Al oír el reto la liebre no podía parar de reír, se revolcaba y retorcía por el suelo con los ojos llenos de lágrimas por la risa.
– Claro que acepto – dijo la liebre.
El día de la carrera todos los animales se reunieron para verla. Se señaló cual iba a ser el camino y la llegada. Cuando todo estuvo listo la carrera comenzó entre grandes aplausos. La liebre saludaba a todos y sonreía viéndose ya como vencedora.
– Vaya si tengo tiempo de sobra- dijo la liebre. Y dejó salir primero a la tortuga, dándole una buena ventaja.
La tortuga empezó el camino pasito a paso, despacio como era su costumbre pero sin detenerse, y con el objetivo fijado de llegar a la meta. La liebre una vez que vio alejarse a la tortuga comenzó a correr velozmente, y por supuesto, la adelantó en unos segundos.
– Ja, ja, esto está ganado.- pensó la liebre, que se sentó a comer un bocado al lado del camino mientras la tortuga seguía avanzando despacio en la lejanía.
Cuando la tortuga pasó por su lado aprovechó la ocasión para reírse de ella, pero la tortuga no le hizo caso y siguió su camino.
Varias veces repitió lo mismo la liebre, pero la tortuga siguió sin detenerse y sin hacer caso de las burlas. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó debajo de la sombra de un árbol, a descansar, y arrullada por el canto de los pájaros se quedó dormida.
Mientras tanto, la tortuga siguió su camino avanzando poco a poco, pero sin detenerse hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó y miró por el camino no vio a la tortuga atrás, sino muy adelantada. Entonces corrió y corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había cruzado la meta en primer lugar, y era felicitada por todos los animales del bosque.
Aquel día fue muy triste y humillante para la liebre que aprendió una lección que no olvidaría nunca: no burlarse jamás de los demás y evitar el exceso de confianza.

(Basado en una fábula de Esopo)


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Este post fue publicado - 24 February, 2008 - 12:42 y se encuentra en la categoria de Fábulas . Puedes seguir cualquier respuesta a este post a través del RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, or comentario desde tu propio sitio.

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