18
May

La leyenda de Melampo

   Escrito por: el guardián de la torre   en Leyendas

Creteo fundó Yolco y se casó con Tiro, hija de Salmoneo, de la que tuvo estos hijos, Esón, Amitaón y Feres. Amitaón se estableció en Pilos, se casó con Idómene, hija de Feres, y tuvo dos hijos, Biante y Melampo, que residía en el campo, delante de su vivienda existía una encina en la que se hallaba un nido de serpientes; sus criados las mataron y él, al recoger leña, quemó a los reptiles pero crió a sus retoños. Cuando éstos se hicieron grandes, colocándose sobre sus hombros mientras dormía, le limpiaron los oídos con sus lenguas. Melampo, al despertarse lleno de temor, comprendía la lengua de los pájaros que revoloteaban a su alrededor y aprendiendo de ellos, predecía el porvenir a los hombres. También adquirió el arte de adivinar por medio de los auspicios y, tras su: encuentro con Apolo en las proximidades del Alfeo, fue en lo sucesivo un magnífico adivino.
Biante pretendía en matrimonio a Pero, hija de Necleo; pero éste, como eran muchos los que pretendían a su hija, afirmó que se la entregaría a aquel que le trajera las vacas de Fílaco; éstas se hallaban en Fílace vigiladas por un perro al que no era capaz de acercarse ningún hombre ni animal. Siéndole imposible a Biante robar estas vacas, llamó a su hermano en su ayuda. Melampo se comprometió a hacerlo y predijo que sería descubierto mientras las robaba y que obtendría las vacas luego de permanecer encadenado por espacio de un año. Tras esta promesa, Melampo se dirigió a Fílace y, tal como había anunciado, fue descubierto durante el robo y puesto en prisión dentro de una celda. Cuando faltaba poco tiempo para el año, escuchó unos gusanos en una zona oculta del techo, uno preguntaba qué porción de viga estaba carcomida ya, y el otro respondía que era muy poco lo que faltaba. Reclamó de inmediato que le trasladasen a otra celda y no mucho después de que esto ocurriese se derrumbó aquella. Fílaco, admirado y percatándose de que era un magnífico adivino, le pidió, tras ponerlo en libertad, que le dijera de qué manera su hijo Ificlo podría tener hijos. Melampo se comprometió a ello a condición de obtener las vacas. Tras ofrecer en sacrificio dos toros y descuartizarlos, invoco a las aves. Acudió un buitre y por él supo que en cierta ocasión, hallándose Fílaco castrando corderos había dejado el cuchillo aun ensangrentado junto a Ificlo al huir asustado el niño lo clavó en una encina sagrada y su corteza, que había crecido en torno suyo lo había ocultado. El afirmó que si encontraba el cuchillo y, raspando el orín, se lo daba a beber a Ificlo durante diez días, éste engendraría hijos. En cuanto Melampo supo esto por el buitre, halló el cuchillo y, raspando el orín, se lo dio a beber durante diez días a Ificlo, a quien más tarde le nació un hijo, Podarces. A continuación llegó a Pilos y tomando a la hija de Neleo se la entregó a su hermano. Durante un cierto tiempo residió en Mesenia, pero cuando Dioniso enloqueció a las mujeres de Argos, él las curó a cambio de una parte del reino y se instaló allí en compañía de Biante.

APOLODORO.


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Este post fue publicado - 18 May, 2008 - 01:49 y se encuentra en la categoria de Leyendas . Puedes seguir cualquier respuesta a este post a través del RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, or comentario desde tu propio sitio.

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