8
May

El Rabino de janowo

   Escrito por: Brujita   en Cuentos

Una vez salió el rabino de Janowo en tartana a la feria de Pantschowa, con intención de pernoctar en Mokri.
Esto es una cosa que a primera vista parece tan sencilla como coser y cantar. Pero en la realidad sucede que cuando hay feria en Pantschowa, allá van todos los judíos, y cada vez que allí van los judíos, pernoctan indefectiblemente todos en Mokri. Por eso, cuando el rabino llegó a este pueblo se encontró con que no había en la posada un palmo desocupado y no le quedó más remedio que resignarse a pasar la noche en su tartana dentro de un pajar.
Moisesillo Bandwurn, el cochero, metió el carruaje al abrigo del tejado, ató los caballos a la lanza con la cabeza vuelta hacia la tartana para que pudiesen tomar su pienso del pesebrillo delantero, dispuso lecho para el rabino dentro del carruaje y debajo de él para sí, y con esto había llegado la noche.
Luego que el rabino hubo rezado sus preces, dijo:
— ¿Has rezado para que no nos roben los caballos, Moisesillo?
— No, maestro.
— Pues reza con fervor y…, además, cuida de atar bien el tiro.
Hizo el cochero lo que le habían mandado, y no bien hubo terminado volvió el rabino a la carga.
— Moisesillo: si has rezado con verdadero fervor y no te has olvidado de atar los caballos que mejor supiste y, además, te mantienes en vela y ojo alerta, entonces, a pesar del peligro que consigo trae este desorden de las ferias, es posible que no nos roben los animales.
Descanse el maestro –contestó Moisesillo –, que yo no pegaré ojo ni dejaré de estar al tanto…
Llevo sé entonces el rabino ambas manos a la cabeza, murmuró unas últimas preces y, lentamente, subió a la tartana.

A esto de media noche despertó el rabino en su incómodo lecho sobresaltado por unos ladridos de perro, y llamó a Moisesillo:
— ¿Qué queréis maestro?
— ¿Dormías Moisesillo?
— No, maestro.
— ¿Qué haces entonces?
— Estaba meditando, maestro.
— ¿Y sobre qué meditabas Moisesillo?
— Pues estaba pensando…., estaba pensando en… adónde irá a parar la cera cuando una vela se consume
— Muy bien. Mientras se te ocurra pensar en cosas tan interesantes seguro estoy de que no te dormirás — aprobó el rabino, curado del sobresalto y volviéndose del otro lado para dormir tranquilamente.

Una fría corriente de aire penetró por los resquicios de la mal ensamblada puerta del pajar y el rabino volvió a despertarse.
— ¡Eh, Moisesillo! — llamó.
— ¿Qué quieres, maestro?
— ¿Duermes, Moisesillo?
— No, maestro.
— ¿Qué haces entonces?
— Meditando, maestro.
— ¿Y en qué meditas?
— Pienso…, pienso… en adónde va a parar la madera de las tablas que desaparece al par paso a los clavos.
— No está mal. Mientras tengas buenas ocurrencias, ya se yo que no te dormirás — dijo el rabino, volviéndose aliviado del otro costado

Empezaban a palidecer las estrellas cuando el canto del gallo despertó al rabino.
— ¡Eh, Moisesillo! — llamó.
— ¿Qué deseáis, maestro?
— ¿Dormías, Moisesillo?
— No, maestro.
— ¿Qué hacías entonces?
— Meditaba, maestro.
— ¿Y en qué piensas, Moisesillo?
— Maestro…: si he decir la verdad, pienso…, pienso… en que las puertas están bien cerradas, en que aquí nada se ha movido y, sin embargo…, ¿a dónde han ido a parar los caballos?

CUENTOS DE JUDíOS. REB NACHMAN DE BRATZLAV.


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Este post fue publicado - 8 May, 2008 - 09:07 y se encuentra en la categoria de Cuentos . Puedes seguir cualquier respuesta a este post a través del RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, or comentario desde tu propio sitio.

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