Júpiter desciende a ver la tierra donde se encuentra con Calistro, violándola. De esta relación nace Arcas. Encelada, Juno se venga del adulterio convirtiendo a Calistro en osa.
Condenada a vagar por valles y montañas, Calistro, convertida en osa, pasó días y años luchando con lobos y alimañas feroces. Entre tanto, el hijo, Arcas, que ignoraba el paradero de su madre, había llegado a la edad de quince años. Un día que él estaba poniendo redes en el monte Erimanto se encontró de manos a boca con ella, que perseguía las mismas piezas. Quedó inmóvil la madre, en su figura bestial. La miró el hijo atemorizado, el cual, creyendo que la fiera podría abalanzarse, se dispuso a clavarle su venablo. Y lo hubiera hecho a no ser porque Júpiter, terciando para evitar el parricidio, los arrebató a los dos convirtiéndolos en vecinas constelaciones celestes. Las que se conocen con el nombre de osa Mayor y osa Menor.
Ovidio. Metamorfosis. Libro segundo III.
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