Pasaban las horas en la posada del camino hacia Adandaren, cuando hizo su aparición tras la puerta de la taberna la figura de alguien empapado de arriba a abajo. Su rostro estaba cubierto por la capucha de su capa de viaje, pero era evidente que buscaba a alguien entre los congregados. Miró el salón de lado a lado, moviendo lentamente su cabeza, que se detuvo en un individuo. Por unos instantes creí que había encontrado a quien supuestamente buscaba. Avanzó unos pasos integrándose entre la multitud y se acercó hasta la barra. En ese momento lo perdí de vista desde mi posición. El pinche de cocina acercándose a la chimenea avivó el fuego de la gran estufa y lo alimentó con unos leños secos. El día había salido fresco y muy húmedo, una gran tormenta azotaba la región. De pronto se abrió bruscamente la puerta de la cantina y otra figura apareció a contra luz, en esta ocasión no estaba sola pues se distinguían perfectamente las armaduras y las lanzas de los dos Guardias Reales que la acompañaban.
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