20
May

El misterio de Mandalai (Biblioteca oculta)

   Escrito por: el guardián de la torre   en Biblioteca Oculta, El misterio de Mandalai

Tu continuas esta historia.Pasaban las horas en la posada del camino hacia Adandaren, cuando hizo su aparición tras la puerta de la taberna la figura de alguien empapado de arriba a abajo. Su rostro estaba cubierto por la capucha de su capa de viaje, pero era evidente que buscaba a alguien entre los congregados. Miró el salón de lado a lado, moviendo lentamente su cabeza, que se detuvo en un individuo. Por unos instantes creí que había encontrado a quien supuestamente buscaba. Avanzó unos pasos integrándose entre la multitud y se acercó hasta la barra. En ese momento lo perdí de vista desde mi posición. El pinche de cocina acercándose a la chimenea avivó el fuego de la gran estufa y lo alimentó con unos leños secos. El día había salido fresco y muy húmedo, una gran tormenta azotaba la región. De pronto se abrió bruscamente la puerta de la cantina y otra figura apareció a contra luz, en esta ocasión no estaba sola pues se distinguían perfectamente las armaduras y las lanzas de los dos Guardias Reales que la acompañaban.

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Este post fue publicado - 20 May, 2008 - 03:55 y se encuentra en la categoria de Biblioteca Oculta, El misterio de Mandalai . Puedes seguir cualquier respuesta a este post a través del RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, or comentario desde tu propio sitio.

10 Comentarios hasta el momento

Brujita
 1 

Una voz brusca irrumpió en la sala. -¡Por orden de su majestad!, ninguna embarcación saldrá hoy de puerto y se comunicará al puesto de guardia cualquier viaje que sea mas allá de las lomas de Villaverde.
Los murmullos entonces inundaron la sala. Continuó diciendo. -Pasen por las barracas los extranjeros llegados anoche.
Haciendo un gesto, cierran la puerta bruscamente.
Los murmullos comenzaron a ser cada vez mas subidos de tono, hasta que alguien golpeó un objeto metálico pidiendo silencio entonces dijo:

May 20th, 2008 en 4:10 am
el guardián de la torre
 2 

-Seguramente que sea por el robo de anoche en el castillo, cuentan que se llevaron algunas joyas reales y Mandalai, la espada del rey.

Todos guardaron silencio. Entonces pensé:

May 20th, 2008 en 6:21 pm
Susurros
 3 

“El tipo de la capucha, ¿no era uno de los mercaderes que llegaron en la caravana la noche anterior?”.
Busqué con la mirada al individuo, que permanecia de pié, inmóvil al lado de la chimenea.
A su lado había otro hombre, de aspecto escuálido y frágil, también era uno de los recién llegados. Por su actitud parecían conocerse, aunque durante el rato que les estuve observando no intercambiaron palabra alguna.
Se miraron durante un momento y después el hombre encapuchado se dirigió a la puerta y salió. No se por qué pero me levanté de la silla como impulsado por un resorte. Rápidamente crucé la sala, abriéndome paso entre la gente,
que había vuelto a reunirse en pequeños grupos y comentaban lo ocurrido hacía unos instantes.

May 20th, 2008 en 10:45 pm
Gulu
 4 

Iba decidido a salir, cuando alguien me cogió el brazo, reteniendo bruscamente mi marcha. Me giré, y para mirar a quien me detuvo, era Farell mi joven acompañante. -¿tienes lo que te encargue?
Farell: -Así es maestro. No ha sido fácil conseguirlo.
Farell saco un fardo que llevaba entre el petate queriéndomelo mostrar, y le detuve rápidamente. Le dije: Este no es el lugar, guárdalo, tenemos que ponernos en marcha, hay mucho revuelo en la ciudad, por tu culpa.
Entonces salimos de taberna y nos dirigíamos a…

May 25th, 2008 en 3:22 am
Aullador
 5 

… la vieja tienda de cachivaches de Gunfred.
Gunfred era ya un anciano quisquilloso cuando yo lo conocí, hace mas de diez años.
En su tienda vendía todo tipo de utensilios y artilugios imposibles de catalogar. Desde un perchero hasta un viejo cerrojo, pasando por lámparas de ojo de buey o astas de ciervo.
Mientras caminabamos por el suelo embarrado, pegados a las paredes de los edificios circundantes, no conseguía quitarme de la cabeza a los dos hombres de la posada. Estaba seguro de que algo importante se me escapaba, pero en las circunstancias actuales y con el “paquete” que traía Farell, no podía entretenerme en averiguarlo.
Cuando llegamos a la tienda, entramos como siempre por la puerta lateral que da a pequeño huerto de hortalizas.
Nuestras botas embarradas iban dejar demasiados rastros así que las guardamos en el petate y entramos descaldos.
Como ya sabíamos, el viejo no estaba dentro.
Me dirijí a una esquina especialmete llena de chismes y abrí la trampilla camuflada que daba paso a unas estrechas escalaras que bajaban al sotano.
No era un sótano cualquiera, ni siquiera era el autentico sótano de la tienda.
Peldaño tras peldaño fuimos llegando a la sede de nuestra organización en esta ciudad

July 31st, 2008 en 2:59 am
luis
 6 

Era la segunda vez que estaba allí. Los nervios atenazaban mi cuerpo y no por el hecho de tener a la Guardia Real al completo detrás de nosotros sino por que desde la primera vez que estuve aquí siendo un niño, siempre pensé en volver triunfante y que los grandes maeses de la orden me reconocieran como un gran héroe de la causa. Sin duda, el objeto que le había mandado a Farrell conseguir y que guardaba en su petate me daría derecho a ello.
¡Alto! Quién va! , una voz grave que resonó entre las paredes de piedra de aquella estancia como si fuera de 20 hombres me arrancó de golpe los pensamientos de gloria de mi cabeza, era el guardián del pórtico que nos franqueaba la entrada. Farrell intercambió unas palabras con él – mientras yo reconocía aquel olor a humedad como el mismo que percibí en mi primera visita cuando vine acompañado de mi padre – y le enseñó su anillo. Al momento, nos abrió una puerta desde la cual se podía contemplar…

July 31st, 2008 en 11:11 am
 7 

un pequeño recibidor iluminado tenuemente con velas y decorado con tapices que recordaban la historia antigua de la región:
desde la unión de las muchas poblaciones independientes de Andandaren contra las hordas bárbaras que asolaron la zona hacía muchos cientos de años, hasta la traición del actual monarca y tirano que gobernaba con mano de hierro todo el territorio Andandarino desde hacía mas de doscientos años, pasando por la terrible “Noche de los Lobos”…
Saludé con un gesto de la cabeza al guardian y entré en la estancia. Varios escabeles y una pequeña librería repleta de antiguos tomos terminaban de decorar la sala, tal y como se había grabado la imagen en mi memoria la primera vez que pisé aquel lugar. Farell, mi joven ayudante, pasó tras de mí y se sentó en uno de los escabeles tratando de disimular su evidente nerviosismo.
Me acerqué a la estantería, construida con algún tipo de madera exótica de allende los mares y labrada con motivos vegetales, y pasé una mano por los lomos de aquellos antiguos libros, ojeando los titulos y leyendolos para mí, casi reverentemente. La mayoría de ellos habían sido prohibidos por nuestro “amado monarca”. En ese instante se abríó la pequeña puerta del fondo, también construida de aquella extraña madera, que daba paso a la sede de la organización y apareció una vieja cara conocida…

August 30th, 2008 en 2:15 pm
luis
 8 

Wilfred!. Su nombre se escapó de mi boca y aunque cerré los labios para intentar contenerlo sólo logré convertirlo en un susurro. Realmente no esperaba encontrarlo allí, jamás supe que defendía la causa y mucho menos que formaba parte de la jerarquía de la orden. Lo recuerdo de mi época de juegos, en las calles del barrio pobre de Adandaren, entre el barro y la porquería que los regueros de agua arrastraban por la pendiente. Siempre había sido muy prudente, nada partidario de salir más allá de los límites marcados por su tía, que se había encargado de su cuidado tras la muerte de su padre y la llamada a su madre para prestar servicios al Rey. Jamás lo vi envuelto en una pelea, ni tan siquiera dispuesta. Era más bien débil, el típico chico que se deja intimidar por otros. Nunca pensé que pudiera unirse a nosotros. Su aspecto actual no había cambiado demasiado, permanecían sus rasgos más característicos: Tez blanca, nariz aguileña, facciones femeninas y pose ceremoniosa. Apareció vestido con un túnica blanca que llegaba hasta el suelo, adornada con ribetes dorados e incrustaciones de piedras preciosas en el centro, lo que denotaba que ocupaba un puesto relevante. En la cabeza portaba un gorro en forma de mitra y en el centro del mismo el escudo de la orden: Dos espadas cruzadas, entre las que se entralaza una serpiente de 2 cabezas que sostiene un caliz. El mismo que llevaba Farell en su anillo y el que todos los defensores de la causa portamos tatuado en la nuca. Se dirigió hacia mi y cogiéndome las dos manos me dijo: Te esperábamos con impaciencia… El gran maese desea verte.

September 2nd, 2008 en 10:00 am
 9 

Sin mediar más palabra Wilfred se giró y desapareció tras la puerta de madera que daba paso al intrincado laberinto subterráneo que servía de sede a la organización. Hice un rápido gesto a mi joven aprendiz, que anticipándose a mis movimientos ya se habia puesto en pie, y seguimos a Wilfred por los corredores debilmente iluminados. Acostumbrado a moverse por los angostos pasillos, Wilfred se avanzaba a grandes zancadas. No sin dificultad mantuvimos el paso durante unos largos minutos, adentrándonos cada vez más bajo la ciudad. De pronto al doblar un recodo llegamos al Gran Salón, lugar de reunión del Consejo de Eruditos. Todos los congregados allí se detuvieron al vernos llegar, los murmullos se apagaron poco a poco mientras…

September 15th, 2008 en 1:12 am
luis
 10 

… nos situábamos en el centro de la sala. Sentados, en torno a nosotros, se encontraban los miembros del consejo de eruditos, sentados en grandes sillas, situadas con forma de semicírculo. En el centro de ellos, presidiendo el consejo, estaba Arbazak, el gran maese. Este puesto, el de mayor rango de la orden, se ocupa por aquel que es elegido entre los miembros del consejo por unanimidad ( no pueden existir discrepancias en cuanto al elegido ) lo cual requiere que el candidato reuna unas cualidades excepcionales en cuanto a liderazgo, sabiduría, y determinación. Sin duda, así era Arzabak, su semblante impresionaba nada más verlo, destacaba entre los demás; sus ropas blancas, su barba larga, de pelo lacio y blanco terminada en punta,su pelo canoso y sus ojos que irradiaban una mirada decidida y penetrante te infundían respeto y tranquilidad. Sin mediar palabra se puso en pié, y con la mirada clavada en mi, se dirigió con paso lento pero firme hacia donde yo me encontraba. Al situarse frente a mi, a una distancia de medio metro aproximadamente, me preguntó:
– lo traes contigo?
-Si, maese, lo tengo
-Entrégamelo pues
Sin dejar de mirarle, descolgué de mi hombro el petate, lo acerqué a sus manos y se lo entregué. Lo alzó en alto y girándose hacia los miembros del consejo gritó: “Aquí tenemos lo que necesitábamos, lo que tanto tiempo hemos estado buscando, lo que nos va a permitir recuperar el lugar que nunca debimos perder”

September 25th, 2008 en 1:13 pm

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