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	<title>La torre de media tarde &#187; Mitología Griega</title>
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		<title>Del Caos al Universo</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jun 2008 10:35:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes de existir el mar, la tierra y el cielo, continentes de todo, existía el Caos. El sol no iluminaba aún el mundo. Todavía la luna no estaba sujeta a sus vicisitudes. La tierra no se encontraba todavía suspensa en el vacío, o tal vez quieta por su propio peso. No se conocían las <span id="more-108"></span>riberas de los mares. El aire y el agua se confundían con la tierra, que todavía no había conseguido solidez. Todo era informe. Al frío se oponía el calor. Lo seco a lo húmedo. El cuerpo duro se hincaba en el blando. Lo pesado era ligero a la vez. Los dioses, o la naturaleza, pusieron fin a estos despropósitos, y separaron al cielo de la tierra, a ésta de las aguas y al aire pesado del cielo purísimo. Y, así, el caos dejó de ser. Los dioses pusieron a cada cuerpo en el lugar que les correspondía y estableció las leyes que había de regirlos. El fuego, que es el más ligero de los elementos, ocupó la región más elevada. Más abajo, el aire. La tierra, encontraba su equilibrio, la más profunda.</p>
<p>Hecha aquella primera división, los dioses redondearon la superficie de la tierra y puso límites al airado mar. En seguida, añadió las fuentes, los estanques, los lagos, los ríos, corrientes por la tierra y devorados por el océano. Él mandó extenderse a los campos, cubrirse de hoja a los árboles, elevarse a los montes y a los valles hundirse. Y así como el cielo estaba dividido en cinco zonas- dos a la derecha, dos a la izquierda y una en el centro, que es la más ardiente-, así mismo quedó dividido el universo. De las cinco zonas la del medio quedó inhabitable por el fuego; las dos de los extremos quedaron envueltas en nieves; únicamente las centrales ofrecieron templanza a la vida. Sobre éstas se elevó el aire, más pesado que el fuego, pero menos que el agua y la tierra; y en él se dieron las nubes, la niebla espesa, los truenos que espantan a los hombres, los vientos que forman vorágines y los granizos. El autor del mundo estableció la armonía en esta región: sin ella se hubieran desecho entre sí los elementos. Al euro e hizo soplar hacia Oriente. Hacia el Occidente al céfiro. Al bóreas le empujó hacia el Septentrión, y al austro hacia el Mediodía. Y por fin, dejo que el Éter, sin peso y sin escoria, formase ese color azul que llamamos firmamento.</p>
<p style="text-align: right;">OVIDIO, Metaforfosis. Libro Primero I.</p>
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		<title>Prometeo encadenado</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 05:03:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El semidiós Prometeo, atado a una roca, clamaba por la injusticia del dios Zeus. ¡Oh, Sol!¡Oh, mares!¡Oh, cielos! Contemplad qué injusticia comete un dios cruel, injusto! El encadenado Prometeo rompía el silencio con sus lamentos, y las ninfas, que eran hijas del océano, se acercaban a consolarlo, pero no podían liberarlo. Prometeo era hijo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El semidiós Prometeo, atado a una roca, clamaba por la injusticia del dios Zeus.</p>
<p>¡Oh, Sol!¡Oh, mares!¡Oh, cielos! Contemplad qué injusticia comete un dios cruel, injusto!</p>
<p>El encadenado Prometeo rompía el <span id="more-114"></span>silencio con sus lamentos, y las ninfas, que eran hijas del océano, se acercaban a consolarlo, pero no podían liberarlo.</p>
<p>Prometeo era hijo de una ninfa del océano, Climenes, y del titán Japeto.</p>
<p>Había desafiado al dios Zeus, por dos veces, y éste lo había condenado al sufrimiento eterno.</p>
<p>Prometeo amaba y protegía a la raza humana. Advertido de que a los hombres sólo se les reservaban las peores presas de los animales sacrificados en los templos, en tanto que se le ofrecían al omnipotente Zeus los trozos más delicados y sabrosos, el rebelde ideó un plan osado para burlarse del privilegiado dios del Olimpo. Condujo un buey hasta el altar, lo sacrificó y separando las carnes y los huesos, metió las primeras en un saco y los segundos en otro. Invocó a Zeus y lo invitó a elegir el saco que prefiriese. El soberano del Olimpo eligió los huesos, que habían sido envueltos en grasa por el astuto Prometeo, y al verse burlado por el protector de los hombres, en el colmo de la ira, decidió vengarse en éstos quitándoles el don del fuego. Apagó los hogares de todas las viviendas humanas, de los talleres y forjas, dejando en la mayor miseria a la raza humana, protegida del titán Prometeo.</p>
<p>A partir de aquel día ya no se oyeron resonar sobre la Tierra los yunques de las forjas. Los hombres no tuvieron más arados, armas ni herramientas; no se encendieron lámparas cuando las sombras de la noche descendían de lo alto; no crepitaron leños en las casas para calentar a los viejos y a los niños; ya no se asaban las carnes, y la humanidad se sintió infeliz, pues había perdido uno de sus bienes más preciados: el fuego.</p>
<p>El más apesadumbrado era Prometeo, porque se consideraba culpable,por haber provocado la cólera de Zeus. Pero a su vez descargaba su rencor contra éste, por haber castigado a todos los hombres por una burla insignificante.</p>
<p>Prometeo sabía que en el reino de los dioses había una gruta sagrada. En ella ardía un fuego perenne, origen de todos los fuegos. El titán decidió robar allí una centella para restituir a los hombres el bien perdido.</p>
<p>Cuando el despótico Zeus advirtió que de las chimeneas de las viviendas de los hombres salía humo, comprendió que su poder había sido desafiado otra vez por el astuto titán. Su cólera explotó, terrible. Encadenó a Prometeo a una roca sobre una alta y gélida cumbre, y ordenó que un águila le abriese el vientre y le devorase el hígado.</p>
<p>Durante la noche, el hígado del condenado crecía de nuevo, y al día siguiente volvía, una y otra vez, a ser devorado por el águila de Zeus.</p>
<p>Pasó el tiempo, pasaron siglos, y los gritos de Prometeo seguían llenando los aires. El sufrimiento de éste despertaba compasión, pero nadie se atrevía a aliviarlo. Un día acertó a pasar Hércules por allí, y mató de un flechazo al águila devoradora. Así terminó el castigo del titán que robó el fuego para los hombres.</p>
<p>Y durante siglos el mundo habló de Prometeo, quien, por amor a los hombres, había osado temerariamente desafiar la ira de los terribles dioses.</p>
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		<title>La Titanomaquia</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jun 2008 11:08:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Apenas fueron creados Cielo y Tierra, un dios cruel se apoderó de ellos. Se llamaba Cronos. Se mostró tan afanoso de poderío, que hizo matar a traición a su mismo padre, Urano, porque temía que éste intentara destronarlo. Pero tampoco después de este delito se sintió tranquilo Cronos. Un oráculo le había predicho que uno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Apenas fueron creados Cielo y Tierra, un dios cruel se apoderó de ellos. Se llamaba Cronos. Se mostró tan afanoso de poderío, que hizo matar a traición a su mismo padre, Urano, porque temía que <span id="more-115"></span>éste intentara destronarlo.</p>
<p>Pero tampoco después de este delito se sintió tranquilo Cronos. Un oráculo le había predicho que uno de sus hijos llegaría a ser algún día rey del Olimpo, destronándolo a él.</p>
<p>La esposa de Cronos, llamada Gea, se sintió feliz cuando dio a luz un hermoso niño. Lo presentó al marido para que lo acariciase, pero éste, temiendo que se cumpliera algún día la predicción del oráculo, devoró al niño.</p>
<p>La escena se repitió varias veces. Cada vez que nacía un hijo de Cronos, el cruel soberano del Cielo y de la Tierra lo devoraba, sin preocuparse por las protestas de su esposa.</p>
<p>Ésta, disgustada por tantos infanticidios, pensó salvar al hijo próximo a nacer y recurrió a las ninfas del bosque. Les pidió a éstas que se llevaran al recién nacido y lo cuidaran lejos del Olimpo.</p>
<p>Una gruesa piedra envuelta en blancos pañales sustituyó en la cuna a Zeus, que así se llamaba el niño.</p>
<p>Zeus creció fuerte y vigoroso en el bosque, rodeado de los cuidados de las ninfas y de los Coribantes, sacerdotes de la diosa Cibeles, uno de los nombres de Gea, Rea o Era. Cuando llegó a la edad adulta, el joven conoció la historia de su nacimiento y de los infanticidios de Cronos. Juró entonces poner fin al despiadado imperio de su padre, y para ello desencadenó a los titanes, gigantes que estaban encadenados desde hacía miles de años en las profundidades de oscuras cavernas.</p>
<p>No todos los titanes se aliaron con Zeus; muchos se pusieron de parte de Cronos. Durante largos años, la lucha fue tremenda. Los combatientes se arrojaban enormes rocas, que provocaban grandes sacudimientos sobre la Tierra.</p>
<p>Dado que la lucha seguía indecisa, Zeus pidió ayuda a los Cíclopes. Éstos eran gigantes que, encadenados en talleres subterráneos, forjaban rayos. El hijo de Cronos prometió liberarlos de las cadenas si estaban dispuestos a ponerse a su servicio, y ellos respondieron:</p>
<p>-Señor, estamos de tu parte y te obedeceremos.</p>
<p>Los rayos de los Cíclopes fueron más eficaces que las rocas arrojadas por los titanes adversos, y éstos fueron arrojados al triste reino de los muertos.</p>
<p>Zeus pudo entonces, dominar en el Cielo y en la Tierra, sobre los hombres y los dioses, regulando el curso de los astros desde la cima del monte Olimpo.</p>
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		<title>El amor de Pigmalión</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jun 2008 10:44:45 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Este varón sapiente, cansado y horrorizado a la vez del descoco de las propéticas, tomó resolución de no contraer matrimonio. Pero habiendo esculpido una estatua de mujer hermosísima, se empezó a enamorar de ella. Pasábase largas horas contemplándola&#8230; ¡Aquel rostro dulce!&#8230; ¡Aquellas maneras delicadísimas!&#8230; ¡Aquel cuerpo casto y sugestivo al mismo tiempo!&#8230; Y es que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este varón sapiente, cansado y horrorizado a la vez del descoco de las propéticas, tomó resolución de no contraer matrimonio. Pero habiendo esculpido una estatua de mujer hermosísima, se empezó a enamorar de<span id="more-110"></span> ella. Pasábase largas horas contemplándola&#8230; ¡Aquel rostro dulce!&#8230; ¡Aquellas maneras delicadísimas!&#8230; ¡Aquel cuerpo casto y sugestivo al mismo tiempo!&#8230; Y es que no le faltaba sino el calor sutil de la vida&#8230;.</p>
<p>¡Violento amor el de Pigmalión! Acabó por no persuadirse de que fuera una estatua y se pasaba el tiempo besándola, abrazándola a ella. Decíale requiebros. Adornábala con flores y joyas. Vestíala y desnudábala con encendido instinto.</p>
<p>Por entonces llegó la diosa Venus a la ciudad de Amatonte. Llegó con el mismo esplendor con el que se manifestaba en la isla de Chipre. Llegó cuando se preparaban los sacrificios a los dioses sobre los altares de oro de los templos. Llegó para oír este ruego del enamorado Pigmalión: &#8220;¡Si es cierto que los dioses tenéis poder tanto, os ruego que deis vida a mi estatua para que pueda desposarme con ella!.&#8221;  Venus comprendió inmediatamente a Pigmalión. Y para presagiarle fortuna, hace tres veces que una llama ascienda al cielo en forma de pirámide.</p>
<p>De regreso a su hogar, Pigmalión besa por primera vez la estatua&#8230;¡Y nota que el frío del mármol ha desaparecido! La abraza y la besa por segunda vez&#8230; ¡Y nota que a la dureza del material sucede la blandura tersa de la carne! Después dar las gracias más sinceras a Venus, con palabras y con pensamientos, Pigmalión se acuesta con la estatua y redobla sus caricias&#8230; ¡La estatua vive ya! ¡La estatua siente el rubor y el amor!</p>
<p>Venus, que había hecho el milagro, protegió a los desposados, y al noveno mes, nacido Pafos, les entregó como regalo para éste la isla que había de llevar su nombre.</p>
<p>de OVIDIO. Las Metaforfosis. Libro Décimo II-III</p>
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		<title>Los meses y los días</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Jun 2008 06:54:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Como resabio de la civilización romana y la cultura latina, nos han quedado los nombres de los meses y de los días. Los romanos, y anteriormente los griegos, consideraban a la vida como un milagro realizado por sus dioses y en agradecimiento, ponían sus nombres a las cosas. Y como el tiempo era una de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como resabio de la civilización romana y la cultura latina, nos han quedado los nombres de los meses y de los días.</p>
<p>Los romanos, y anteriormente los griegos, consideraban <span id="more-113"></span>a la vida como un milagro realizado por sus dioses y en agradecimiento, ponían sus nombres a las cosas.</p>
<p>Y como el tiempo era una de las cosas importantes, les dieron nombres derivados de los dioses a los meses y los días.</p>
<p>Y si les quedaron algunos meses sin nombre, los enumeraron.</p>
<p style="text-align: center;">LOS MESES</p>
<p>ENERO (Januarius): lleva ese nombre en honor del dios Jano, patrono de los principios y de los fines, de dos caras, conocedor del pasado y del futuro.</p>
<p>FEBRERO: debe su nombre a la diosa Februa, por las fiestas februales que en ese mes se celebraban.</p>
<p>MARZO: está dedicado al dios Marte, rey de la guerra y de los guerreros, omnipotente, a quien le pedían lluvia para los campos.</p>
<p>ABRIL: le dieron el nombre de la diosa Aprilis, diosa de las flores, la que abre o florece, y en este mes era, en Roma, cuando la primavera afloraba en plenitud.</p>
<p>Mayo: este mes era dedicado a la diosa Maya, hija de Atlas, el gigante que fuera condenado a sostener el cielo, por Júpiter.</p>
<p>Junio: este mes fue dedicado a la diosa Juno, la esposa de Júpiter. Aunque hay quines opinan que fue dedicado a un patricio romano llamado Junius.</p>
<p>Julio: antes fue llamado Quintilus, pues correspondía al quinto mes del antiguo calendario romano, pero se lo cambió por éste que lleva actualmente, en honor de Julio César, cuyo natalicio había sido en este mes.</p>
<p>Agosto: fue nombrado así en homenaje a César Augusto, Primer Emperador romano, quien era sobrino de Julio César (Llamado  Octavio antes de ser nombrado emperador).</p>
<p>Septiembre, octubre, noviembre y diciembre conservaron los nombres que tenían en el antiguo calendario romano, el cual estaba formado por diez meses. Respectivamente significan el séptimo, el octavo, el noveno y el décimo.</p>
<p style="text-align: center;">LOS DÍAS</p>
<p>Domingo: Dominicus, fue dado por el cristianismo, &#8220;día del Señor&#8221;.</p>
<p>Lunes: Día de la Luna. La luna en la mitología romana era Diana,o Diana Cazadora, esposa del Sol y reina de los bosques.</p>
<p>Martes: dedicado al Dios Marte de la guerra.</p>
<p>Miércoles: dedicado al dios Mercurio, con alas en los pies y un gorro alado, quien transmitía los mensajes de Júpiter, padre de los dioses. Asimismo era el dios del comercio, en griego se llamaba Hermes.</p>
<p>Jueves: era el día de Júpiter, que en latín se expresaba &#8220;jovis dies&#8221;. (Júpiter: Jove en latín).</p>
<p>Viernes: dedicado a Venus, la diosa de la belleza en la tierra, y el lucero del cielo.</p>
<p>Sábado: Era el séptimo día de la semana, y su denominación proviene del hebreo: &#8220;sabbat&#8221;, día de descanso y de adoración a Dios para los  hebreos.</p>
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		<title>HERMAFRODITA</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jun 2008 10:52:17 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Cierto día Afrodita y Hermes se miraron intensamente. Y descubrieron que se amaban. Tan fuerte fue la atracción que sintieron, como poco duradero fue su encuentro. Pero de su unión nació un hijo, a quien sus padres llamaron Hermafrodito, fundiendo en uno sus nombres griegos. Terminada su aventura, la diosa comenzó a sentirse acusada de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cierto día Afrodita y Hermes se miraron intensamente. Y descubrieron que se amaban.</p>
<p>Tan fuerte fue la atracción que sintieron, como poco duradero fue su encuentro. Pero de su unión nació un hijo, a quien <span id="more-112"></span>sus padres llamaron Hermafrodito, fundiendo en uno sus nombres griegos.</p>
<p>Terminada su aventura, la diosa comenzó a sentirse acusada de un nuevo adulterio. Y viendo en su hijo un testimonio vivo de su traición, decidió separarse de él. Lo entregó al cuidado de las ninfas del monte Ida para que lo criaran y lo educaran.</p>
<p>Al cumplir 15 años, Hermafrodito abandonó a sus niñeras y se dispuso a recorrer las tierras griegas. Era tan bello como su divina madre pero no había heredado de ella su ardor amoroso. Ante lo encantos femeninos y perspectivas de aventuras, tímidamente bajaba los ojos y se retiraba.</p>
<p>Un día, al andar por una región soleada, el calor excesivo le hizo buscar un lago en el que refrescarse. El hijo de Hermes y Afrodita se desnudó y se zambulló en las límpidas aguas.</p>
<p>La ninfa Sálmacis, espíritu de aquel lago, no tardó en ver al joven. La visión de aquel hermoso cuerpo despertó en ella la más intensa pasión. Se desnudó también y se deslizó ágil y graciosamente en las aguas cálidas. Hizo todo lo posible por conquistar al joven, pero éste se resistía.</p>
<p>Desesperada, lo enlazó fuertemente y suplicó a los dioses:&#8221;¡Te debates en vano, hombre cruel!¡Dioses! Haced que nada pueda jamás separarlo de mí ni separarme de él&#8221;</p>
<p>Los inmortales atendieron a su pedido y los dos cuerpos quedaron fundidos para siempre en un solo ser, de doble sexo.</p>
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		<title>Faetón</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jun 2008 10:47:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En tiempos lejanos el Universo era un inmenso globo de cristal purísimo. En su materia transparente estaban incrustadas las estrellas. En el centro de esta esfera se hallaba la Tierra. En sus corrientes de agua cristalina, que corrían por valles claros, vivían los dioses. Éstos habitaban en palacios de mármol y cuidaban del orden y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En tiempos lejanos el Universo era un inmenso globo de cristal purísimo. En su materia transparente estaban incrustadas las estrellas. En el centro de esta esfera se hallaba la Tierra. En sus corrientes de agua cristalina, que corrían por <span id="more-111"></span>valles claros, vivían los dioses. Éstos habitaban en palacios de mármol y cuidaban del orden y del concierto de todos los fenómenos por orden de Zeus, supremo Rey de la Creación.</p>
<p>Febo, dios del sol, estaba encargado de dar luz y calor a la Tierra. Sobre su carro esplendente &#8211; tirado por caballos indómitos que sólo obedecían a su auriga- recorría diariamente la amplia ruta del espacio. Los rayos ardientes del carro pasaban a una justa distancia de la superficie de la tierra. El curso era regular, de oriente a occidente, y la luz y el calor, nunca excesivos, maduraban las mieses y hacían felices a los hombres. Entre éstos vivía entonces Faetón, gallardo hijo de Febo y su esposa Climena, cuyo corazón rebosaba de orgullo cuando veía pasar en lo alto el espléndido carro de su padre. Éste no podía detenerse nunca para hacer una caricia a su hijo; ni siquiera una mirada podía dirigirle, ocupado siempre en conducir sus indómitos corceles.</p>
<p>Faetón no se consolaba de esta falta de consideración de su padre. En más de una ocasión fue ridiculizado por los hombres, quienes sospechaban que la paternidad de Febo era pura fábula y mentira. Para demostrar al mundo que él era, efectivamente, hijo del dios del sol, el joven se presentó a éste, en su morada celestial.</p>
<p>Febo recibió a su hijo en su sala esplendente, sentado en su trono de luz, acompañado de las cuatro Estaciones y circundado por las veinticuatro doncellas de las Horas.</p>
<p>-¿Qué ocurre, hijo?- preguntó el dios a Faetón- ¿Qué pena te apesadumbra? ¿Qué te falta allá, sobre la Tierra?</p>
<p>-Padre mío: tu indiferencia hacia mí cuando pasas, guiando tus corceles por la ruta del cielo, hace pensar a los hombres que no es cierto que soy hijo tuyo. Necesito demostrarles que están en un error. A decir verdad, yo mismo dudo a veces de que seas realmente mi padre.</p>
<p>-¡No lo dudes, Faetón! Tú eres hijo mío, te lo aseguro. Para darte una prueba de ello, prometo concederte el don que me pidas.</p>
<p>-¿Cualquiera que sea mi deseo?</p>
<p>- Cualquier deseo tuyo será satisfecho, hijo mío; habla.</p>
<p>- Pues bien, quiero ver lo que ningún ojo humano ha visto hasta ahora: la esfera de cristal del Universo desde la ruta que recorres diariamente en la bóveda del cielo. Quiero subir sobre tu carro de luz y guiar un día entero tus veloces caballos.</p>
<p>Al oír tales palabras, Febo se arrepintió de haber prometido que iba a acceder a cualquier petición de su hijo. No podía permitir que éste corriera el riesgo de una catástrofe, provocando un desastre irreparable.</p>
<p>-Hijo mío- exclamó el dios en tono persuasivo-: no tienes idea de lo que significa regir esos corceles para que no se aparten de la ruta fijada. Son caballos indómitos, que sólo la mano de un dios puede sujetar.</p>
<p>Faetón meneó la cabeza. Quería significar que ninguna razón podía apartarlo de su propósito. Debía concedérsele lo prometido.</p>
<p>-¿No comprendes, hijo, que un solo momento de descuido, un instante de debilidad, hará que el carro se desvíe de la ruta? Un pequeño alejamiento de la Tierra provocaría la muerte de todos los seres vivos por falta de calor; una pequeña aproximación secaría los arroyos, los ríos, los mares y todas las fuentes que dan vida a las plantas, a los animales y a los hombres.</p>
<p>Ni los argumentos ni el tono doliente y persuasivo de Febo conmovieron al terco joven.</p>
<p>-Quiero demostrar a los hombres que soy digno hijo del dios del sol. Estoy seguro de que guiaré con firmeza tus caballos.</p>
<p>Agotados todos los argumentos, Febo recurrió a los ruegos y súplicas; pero Faetón mantuvo firmemente su decisión. La promesa debía ser cumplida.</p>
<p>A la hora señalada por Zeus desde los tiempos más remotos, el carro del sol estaba listo para emprender la diaria carrera por el firmamento. En el momento en que el joven empuñó las riendas, Febo, temeroso de lo que pudiera hacer su hijo, le hizo las últimas recomendaciones.</p>
<p>-Espero que Zeus te dé fuerzas para mantener sujetos a los caballos durante la jornada entera. No descuides ni un instante las riendas. No te distraigas y, sobre todo, no trates de mirar hacia abajo.</p>
<p>Faetón ardía de impaciencia. Con las riendas en su puño firme, esperaba el minuto preciso del comienzo de la carrera. Estaba seguro de que el éxito coronaría felizmente su audaz empresa, logrando así la consideración y el respeto que le negaban los hombres.</p>
<p>Al comienzo, la carrera se desarrolló normalmente. Parecía que los caballos no habían advertido el cambio de auriga. El carro refulgente horadaba las sombras, y los caballos seguían la ruta acostumbrada.</p>
<p>&#8220;Ahora se despiertan los pájaros en sus nidos. A mi paso me saludan las aves con sus cantos. Todos los elementos de la tierra elevan hacia mí himnos de gracia. Ellos no saben, ni pueden imaginarse, que no es Febo el que guía hoy el carro del sol&#8221;.</p>
<p>Así iba pensando Faetón mientras los corceles, regidos por las riendas tensas, seguían por la ruta del cielo. El joven se imaginaba el espectáculo que a su paso se desarrollaba sobre la Tierra, cintas de ríos y arroyos centelleantes, brillo de olas marinas, verde de praderas inmensas, juego de nubes y trabajo fecundo de hombres laboriosos. ¡Qué hermoso debía ser ese espectáculo visto desde las alturas! Y en un momento de debilidad, en un instante de olvido de las recomendaciones paternas, el inexperto auriga dirigió la mirada hacia abajo. Fue un momento, más breve que el zigzaguear de un relámpago. Una de las riendas quedó floja; uno de los corceles lo advirtió y se separó lateralmente; los otros fueron atraídos por el primero, y el carro se desvió de la ruta.</p>
<p>Faetón quiso enderezar el curso para tomar el rumbo cierto, pero sus brazos no tuvieron fuerza suficiente para ello. Los corceles siguieron apartándose, indóciles al puño que los regía.</p>
<p>Cuando el carro del sol se acercó a la Tierra, vastas regiones ardieron de súbito. Campos y ciudades fueron presa de las llamas, y en poco tiempo, cultivos, arboledas, aldeas y urbes se transformaron en ceniza. Grandes humaredas se elevaron al cielo, y Faetón se desesperaba al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos. Aferrado a las riendas, veía con espanto que los caballos se alejaban ahora de la tierra. Un frío intenso sembró la muerte sobre vastas regiones. Ni plantas ni animales sobrevivieron en ellas. Los hombres corrían despavoridos en busca de los rayos del sol, pero éstos eran tan débiles por su lejanía, que el calor era insuficiente para mantener la vida.</p>
<p>Cuando Zeus, advertido del curso irregular del carro del sol, vio desde su trono que era una mano inexperta la que empuñaba las riendas, tomó uno de sus rayos y lo lanzó al espacio.</p>
<p>El rayo golpeó en pleno pecho al audaz auriga, y éste soltó las riendas y se precipitó en el vacío. El carro del sol se detuvo un momento, y Febo volvió a ocupar su puesto. Todo volvió a su quicio, la vida de la Tierra retomó su curso normal, y el desastre ocurrido asumió el carácter de un incidente pasajero. Pero en el país de Faetón persistió el recuerdo de su audaz empresa.</p>
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		<title>Dionisos y los Piratas</title>
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		<pubDate>Sat, 31 May 2008 22:37:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Dionisos o Baco, hijo de Zeus y Sémele, había sido criado por las Horas y las Ninfas lejos del Olimpo, morada de los dioses. Recibió enseñanza de las musas y, amante del vino y la alegría, se declaró protector de las vendimias. Un día adoptó la apariencia de un muchacho y se puso a contemplar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Dionisos o Baco, hijo de Zeus y Sémele, había sido criado por las Horas y las Ninfas lejos del Olimpo, morada de los dioses. Recibió enseñanza de las musas y, amante del vino y la alegría, se declaró <span id="more-109"></span>protector de las vendimias.</p>
<p>Un día adoptó la apariencia de un muchacho y se puso a contemplar la belleza del mar en una playa desierta.</p>
<p>En aquel momento acertó a pasar por allí una nave de piratas. Éstos decidieron desembarcar para capturar al jovencito.</p>
<p>-Lo llevaremos a Chipre- dijo el capitán del barco-, y si pertenece a alguna familia rica, conseguiremos un buen rescate.</p>
<p>Dionisos no opuso resistencia. Más bien le agradó el comienzo de aquella aventura. Los marineros lo llevaron a bordo y lo ataron al palo mayor de la nave, con todo cuidado.</p>
<p>Grande fue la sorpresa de los piratas al ver que el prisionero no sólo no oponía resistencia, sino que sonreía continuamente. Pero el asombre de aquella gente llegó al colmo al comprobar que los nudos más retorcidos y apretados eran desatados por Dionisos con suma facilidad. Con ligeros movimientos de los músculos, el joven se liberó, rápidamente, de todas las ligaduras.</p>
<p>Un viejo marinero tomó la palabra y dijo:</p>
<p>- Amigos, no desafiemos a los dioses. Este jovencito no es un ser común como nosotros. Debe gozar seguramente de la protección de algún dios, y quizás sea él mismo un dios. Liberémoslo y honrémoslo como se merece.</p>
<p>Una carcajada general recibió el prudente consejo del viejo. El capitán, burlándose de su antiguo camarada de aventuras, respondió:</p>
<p>-Lo liberaremos, sí, pero después de recibir un buen rescate por él. ¿No has advertido, viejo tonto, que los nudos con que tú lo ataste se pueden desatar con un poco de habilidad?</p>
<p>Dionisos fue dejado en libertad a bordo, pero no se movió de junto al palo mayor en que se apoyaba. Le divertían las maniobras de los marineros y lo alegraban las canciones que éstos entonaban.</p>
<p>La nave se dirigía a velas desplegadas hacia la isla de Chipre. Al anochecer, los marineros se disponían a descansar, cuando vieron con asombro que del palo en que estaba apoyado el prisionero surgía un arroyuelo rojo que tenía un olorcillo encantador. Era vino. Y el asombro de los piratas subió de punto cuando vieron que los palos de la nave, y el cordamen se transformaban en troncos de vides y en retorcidos sarmientos.</p>
<p>El miedo del capitán ante tal prodigio se transformó en terror cuando vio que el indefenso joven se transformó en un soberbio león.</p>
<p>El espanto impulsó a los marineros hacia la popa del barco, y uno a uno fueron arrojándose al mar.</p>
<p>Al tocar el agua, los piratas se transformaron en delfines, que escoltaron la nave.  Ésta seguía navegando gallardamente, pero el dios Dionisos, el dios alegre, conocido también con el nombre de Baco, había desaparecido. Había volado hacia el monte Olimpo, que es la augusta morada de los dioses.</p>
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		<title>¿quieres dar una vuelta por la antigua Grecia?</title>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2008 23:03:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>el guardián de la torre</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En este vídeo damos un paseo en el tiempo, recorriendo la cultura y mitología griega, podemos ver como era la antigua Grecia, y sus sitios mas interesantes, así como utensilios como tinajas herramientas de épocas pasadas. También podemos encontrar pinturas y símbolos. Espero que os guste y recordar que es importante votar o dejar algun [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En este vídeo damos un paseo en el tiempo, recorriendo la cultura y mitología griega, podemos ver como era la antigua Grecia, y sus sitios mas interesantes, así como utensilios como tinajas herramientas de épocas pasadas. También podemos encontrar pinturas y símbolos.</p>
<p>Espero que os guste y recordar que es importante votar o dejar algun comentario.</p>
<p style="text-align: center;"><object width="600" height="500"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/8nWQAEz7cXg&amp;hl&amp;rel=0&amp;color1=0xd6d6d6&amp;color2=0xf0f0f0"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/8nWQAEz7cXg&amp;hl&amp;rel=0&amp;color1=0xd6d6d6&amp;color2=0xf0f0f0" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="600" height="500"></object></p>
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		<title>Eco y Narciso. El origen del eco y del narcisismo</title>
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		<pubDate>Thu, 15 May 2008 04:39:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Susurros</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8230;Eco merece una digresión. Su alegría y parlachineria cautivaron a Júpiter; sorprendidos en adulterio por Juno, la castigó a que jamás podría hablar por completo; su boca no pronunciaría sino las últimas sílabas de aquello que quisiera expresar. Pues bien, viendo Eco a Narciso quedó enamorada de él y le fue siguiendo, pero sin que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8230;Eco merece una digresión. Su alegría y parlachineria cautivaron a Júpiter; sorprendidos en adulterio por Juno, la castigó a que jamás podría hablar por completo; su boca no pronunciaría sino las últimas sílabas de aquello que quisiera expresar. Pues bien, viendo <span id="more-83"></span>Eco a Narciso quedó enamorada de él y le fue siguiendo, pero sin que él se diera cuenta. Al fin decide acercársele y exponerle con ardiente palabrería su pasión. Pero&#8230; ¿Cómo podrá si las palabras le faltan? Por fortuna, la ocasión le fue propicia. Encontrándose solo el mancebo, desea darse cuenta de por dónde pueden caminar sus acompañantes y grita: -¿Quién está aquí?- Eco repite las últimas palabras -&#8230; está aquí-. Maravillado queda Narciso de esta voz dulcísima de quien no ve. Vuelve a gritar: -¿por qué me huyes?- Eco repite: -&#8230; me huyes-. Y Narciso: -¡juntémonos!- Y Eco: -&#8230; juntémonos-. Por fin se encuentran. Eco abraza al ya desilusionado mancebo. Y éste dice terriblemente frio: &#8211; No pensarás que yo te amo&#8230;- Y Eco repite, acongojada: -&#8230;yo te amo-. -¡ Permitan los dioses soberanos -grita él- que antes la muerte que deshaga que tú goces de mí!-<br />
Huyó, implacable, Narciso. Y la ninfa así menospreciada, se refugió en lo más solitario de los bosques. La consumía su terrible pasión. Deliraba. Se enfurecía. Y pensó: -¡ojalá cuando él ame como yo amo, se desespere como me desespero yo!-Némesis, diosa de la venganza -y a veces de la justicia- escuchó su ruego. En un valle encantador había una fuente de agua extremadamente clara, que jamás había sido enturbiada ni por el cieno ni por los hocicos de los ganados. A esa fuente llegó Narciso, y habiéndose tumbado en el césped para beber, Cupido le clavó, por la espalda, su flecha&#8230; Lo primero que vio Narciso fue su propia imagen, reflejada en el propio cristal. Insensatamente creyó que aquel rostro hermosísimo que contemplaba era de un ser real, ajeno a sí mismo. Sí, él estaba enamorado de aquellos ojos que relucían como luceros, de aquellos cabellos dignos de Apolo. El objeto de su amor era&#8230; él mismo. ¡Y deseaba poseerse! Pareció enloquecer&#8230; ¡No encontraba boca para besar! Como una voz en su interior le reprochó: -¡insensato!- ¿cómo te has enamorado de un vano fantasma? Tu pasión es una quimera, retírate de esa fuente y verás como la imagen desaparece. Y, sin embargo, contigo está, contigo ha venido, se va contigo&#8230; ¡y no la poseerás jamás!<br />
Alzó los brazos al cielo Narciso. Llorando. Meneándose luego los cabellos. Y gritó, blasfemo así: -Decidme selvas, vosotras que habéis sido testigo de tantos idilios apasionados&#8230; ¿por qué el amor es tan cruel para mí? Hace siglos que existís; decidme ¿visteis nunca un amor obligado a sufrir designios más rudos? Yo veo al objeto de ni pasión y no le puedo encontrar. No me separan de él ni los mares enormes, ni los senderos inaccesibles, ni las montañas, ni los bosques. El agua de una fontana me lo presenta consumido del mismo deseo que a mí me consume. ¡Oh pasión mía! ¡Quienquiera que seáis, aproximaos a mí como a vos me aproximo! ¡Ni mi juventud ni mi belleza son causas para vuestro temor! Yo desdeñe el amor de todas las ninfas&#8230; No tengáis para mí el mismo desdén. Pero ¿si me amáis, por qué os sirvo de burla? Os tiendo mis brazos y me tendéis los vuestros. Os acerco mi boca y vuestros labios se me ofrecen. ¿Por qué permanecer más tiempo en el error? Debe ser mi propia imagen la que me engaña. Me amo a mí mismo. Atizo el mismo fuego que me devora. ¿Qué será mejor: pedir o que me pidan? ¡Desdichado de yo que no puedo separarme de mí mismo! A mí me pueden amar otros, pero yo no me puedo amar&#8230; ¡Ay! El dolor comienza a desanimarme. Mis fuerzas disminuyen. Voy a morir en la flor de la edad. Más no ha de aterrarme la muerte liberadora de todos mis tormentos. Moriría triste si hubiera de sobrevivirme el objeto de mi parión. Pero bien entiendo que vamos a perder dos almas una sola vida.- Dicho esto, tornó Narciso a contemplarse en la misma fuente. Y lloró, ebrio de pasión, ante su propia imagen. Volvió a traslucir frases entrecortadas&#8230; ¿Quién? ¿Narciso? ¿Su imagen llorosa? -¿por qué me huyes? Espérame, eres la única persona a quien yo adoro. El placer de verte es el único que queda a tu desventurado amante.-<br />
Poco a poco Narciso fue tomando los colores finísimos de esas manzanas, coloradas por un lado, blanquecinas y doradas por el otro. El ardor le consumía poco a poco. La metamorfosis duró escasos minutos. Al cabo de ellos, de Narciso no quedaba sino una rosa hermosísima, al borde de las aguas, que se seguía contemplando en el espejo sutilísimo.<br />
Todavía se cuenta que Narciso, antes de quedar transformado pudo exclamar: -¡Objeto vanamente amado&#8230;adiós&#8230;!- Y Eco: -&#8230; adiós- cayendo enseguida en el césped rota de amor. Las náyades, sus hermanas, le lloraron amargamente meneándose las doradas cabelleras. Las díadas dejaron romperse en el aire sus lamentaciones. Pues bien: a los llantos y a las lamentaciones contestaba Eco&#8230; cuyo cuerpo no se pudo encontrar. Y, sin embargo, por montes y valles, en todas las partes del mundo, aún responde Eco a las últimas sílabas de toda la patética humana.</p>
<p style="text-align: right;">Ovidio.Metamorfósis.Libro Tercero III.</p>
<p style="text-align: right;">
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