Iba la lechera caminito del mercado, como tantos otros días. Llevaba en su cabeza, sosteniéndolo con una mano, un gran cántaro de leche del dueño de la vaquería, que conseguía vender por unas pocas monedas.
Suspiraba la lechera, – Ay! Cómo podría mejorar mi suerte.. leer el artículo completo »
Archivado March 28th, 2008
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